Fiach Dubh

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domingo, 10 de abril de 2016

La Puerta del Cuervo

En un rincón estaba el cuervo. Sus plumas caían despacio.
El rocío nunca llegó...
El cuervo cerró el silencio, con una cesura agónica.
Gota a gota, todas se pierden... Gota a gota, todas huyen, huye la esencia, huyen los silencios y las notas.
La cacofonía perturba al cuervo. Está prohibida la paz, el viento... El rostro queda, viene, y va, y viene, y va.
El valle arde, arde... El valle arde a medianoche, arde con hojas tímidas, con doncellas llenas de rostros desencajados y ojos desorbitrados. El valle arde, arde y queda lejos del silencio y su curso cristalino.
El valle arde y arde...
En un rincón, el cuervo respira... O suspira... O agoniza. Que más da, la verdad, no es relevante el camino del Cuervo.
La puerta se alza, desnuda. Cruje la madera. Las ventanas se asoman, se tiñen de un rubor oscuro.
Las alas del cuervo gotean, gotean: gotean en silencio los nubarrones y la ventisca. Gotea el rostro pálido, la mejilla manchada, los labios rotos.
Gotea y gotea, gotea y gotea. ¿Quién escapa en cada gota?
Dime, ¿eres tú? ¿Quién eres esta noche?
El cuervo gotea en silencio. Se pierde cada segundo, cada minuto. Dibuja en el momento, dibuja tranquilo. Toma cada cincel, no titubees. Dibuja una sonrisa de metal en una máscara de mimbre.
El cuervo gotea y gotea;
el cuervo calla.
Cuando lo rodean, el silencio pesa.
Cuando se acercan, florecen con una cruel sonrisa los pétalos rojos, y se abren envalentonadas, con sus puas, y sus tallos verdes, y el perfume putrefacto...
¿Gotea el silencio? ¿Gota a gota, gotea el ruiseñor?
¿Gota a gota, amanece, despierta, abre los ojos?
Gotea el cuervo en silencio. Gota a gota, se pierde el silencio, se pierde la nube, se abre la puerta.


Autor: Liath Fiach Dubh

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