Fiach Dubh

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martes, 3 de marzo de 2015

Divagaciones superfluas I

Acaricia despacio las paredes craqueladas. Desliza sus yemas, como en una caricia, con suavidad.  Prosigue el trazado que sus uñas dejaron, cuando no sabía ver…  Marcan senderos ligeros en la inmaculada blancura.
Pese a la incomodidad aparente, la tranquilidad es obvia. Sus labios esbozan una sonrisa particular, que escoge únicamente para aquel lugar. No queda mucho espacio, y el escozor ha aumentado ligeramente en su espalda, pero no es realmente relevante.
Con pasos pequeños, calculando, se acerca al pequeño escritorio, en el rincón Azulado. Acaricia la capa de tiza azul que cubre la blanca superficie, haciendo pequeñas muecas de disgusto cuando descubre manchas blancas u oscuras.
El escritorio está cubierto con una capa delgada de polvo. Las hojas siguen allí… Verlas después de tanto tiempo le resulta particularmente agresivo. Cierra sus puños, y sus brazos tiemblan. No, no es lo que recordaba… No lo es.
Sus párpados se hacen pesados. Sus dedos se entumecen. No puede evitar mantener sus puños cerrados.
El instante se quiebra, craquelando un poco más las paredes. Debería evitarlo, pero con el tiempo se vuelve imposible de controlar.
Un destello acaricia la planta de su pie. La sensación es superflua, pero distingue aquella dulce mordida. La muñeca de porcelana solía mantener un rostro particularmente silencioso, pero ahora tiembla en pedazos perdidos.
Pensativo, se acerca a la única ventana. Ya ha anochecido. Ella se aproxima de puntitas, segura de encontrarlo. Siempre sabe dónde encontrarlo.
Las paredes descansan con un suspiro. No se craquelarán más, no aquella noche. Ella lo acuna, y el pequeño duerme con una sonrisa perdida.  Las paredes descansan, y las notas se acomodan a un ritmo insensato, tierno y desnutrido.  Las plumas son azules, con un ligero brillo plateado. Ella las acaricia con una canción de cuna.

El silencio ya despierta, acomodando la melodía con delicadeza. La Luna sonríe. 

Inspirado en "Mejor no" de Alba Rico Barrio

Debo decir que deje este blog de lado por diferentes acontecimientos que se encadenaron a fines del 2014. Retomarlo quizás sea una necesidad, o simplemente un capricho. No sé cuanto Azul quede.

Gris, tan gris... Quemaste los pétalos azules... ¿Escuchas el llanto de las danzalillas? Sus pequeños pies de plata caminan presurosos, tratando de evitar las cenizas. El jardín quedó abierto, se hizo una brecha. El gris cabalga en corceles de hierro, humeantes. Sus piececitos de plata tratan de esquivar los cristales, tratan de evitar las brasas, y sangran en silencio. Su voz se quiebra, agotada por el humo, llamando a las manos delicadas que acunaban sus párpados de cristal. ¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Acuna los pétalos que pudo salvar, que tiemblan y lloran. La busca, palpando las cenizas y los restos abrazados de campanillas de azur. No queda mucho. El bosque aún arde... Ella se fue, ella abrió la puerta, y el jardín fue invadido. Sus piececitos de plata están cansados, y sus ojos le arden. La ceniza daña sus pequeños labios carmesí. 

El manto gris le cubre de pies a cabeza. Observa el silencio la masacre. Las danzalillas y los pequeños azules forman charcos abandonados en los rincones. Sonríe... 
El guardián no está. Ella lo desterró... La puerta fue abierta. El jardín arde. Y los piececitos de plata caminan, cegados por el humo, buscando algún camino, buscándola...
Ella se arrodilla, y la capa gris toca sus mejillas. Las estrellas desfallecen. La mirada no posee sentido propio, sólo queda fija en una cacofonía incesante. 
Su sonrisa es helada. Una navaja sonriente, manchada, atinando a parpadear en la dulzura helada de su claridad adulta.
Los caminos huyen. Los pétalos arden, y las cenizas pueblan el lago que cantaba, quebrando su silencio en una nueva cacofonía chirriante. El golpeteo constante de los corceles humeantes enloquecería los latidos de un ruiseñor, si quedara alguno en aquellos lares.
Una pequeña embarcación se tambalea… ¿Quizás busque el sentido que se esconde en la profundidad, con palabras acuosas? El agua lentamente perece, agonizando, pugnando por alejarla de la orilla rota.
Los pétalos son cenizas. La plata gime, ensangrentada. Las huellas son pequeñas, y se pierden, se pierden en caminos que escarban en la niebla putrefacta, buscando aquella sonrisa helada… Aquella sonrisa helada…
¿Sabes lo que arde? El sabor a ceniza… ¿lo recuerdas?
Las huellas son pequeñas, y tímidas. Se esconden, palpitando, temblando…
¿Sabes lo que arde? ¿Recuerdas…?
Las huellas se deslizan, y mueren los recuerdos. Todo queda… vivo… pero humanizado…
¿Sabes lo que arde?
Agoniza un silencio conjunto, una canción remendada….
¿Sabes lo que arde?


Este texto quizás sea sólo sea una mera inutilidad. No me sorprendería. Si desean un consejo, lean "Mejor no", de Alba Rico Barrio. En aquellos versos precisos quise inspirarme, pero ahora todo me falla. Acá os dejo el link: 

http://garabatolvidado.blogspot.fr/2015/02/mejor-no.html?showComment=1425422805275#c7519387774175829693