Fiach Dubh

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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Fragmentos de Azul

Dedicado a Alba Rico, en honor la magia que habita en ella


Conocí el Azul en un silencio polvoriento, acunado por el aroma de los libros viejos. Recuerdo aquello cómo si fuera ayer. Recuerdo la primera vez que pude verlos.

Una biblioteca vacía, un silencio dispuesto, y... Nada más. Comenzó con la tranquilidad de un parpadeo involuntario, y habitó cada instante mío desde ese día.

Comenzó con un niño... Aquello era quizás ridículo, pero fue así, y lo es.  Lentamente, fue adquiriendo un color definido, y los contornos fueron tomando consistencia a mi alrededor. Un bosque de nomeolvides, perfumado con suavidad, acompañaba mis largas lecturas, y los pétalos azulados formaban una almohada tibia cuando necesitaba reposar mi mirada. La Luna acariciaba mi nuca, y se sentaba a mi lado, escuchando sonriente mi silencio.

Despertaba en la madrugada, y formaba un castillo cálido, con un libro entre las manos, siempre.


Conocí el Azul, la magia perdida, una magia que los humanos siempre quieren olvidar. Quizás conversar con la Luna tanto tiempo permitió que el Azul no me olvidara a mi, no lo sé... Pero yo podía sentirlo, palpitando en silencios llenos, y descansando en melodías misteriosas, que acompañaban mis desvelos.

La Luna aún persiste.

Pero agoniza... Cada instante azulado se pierde en un silencio humano gris. Las miradas pierden la profundidad del cielo, las palabras titubean y pierden sentido. Poco a poco, conversar se vuelve un ejercicio de palabras asociadas, y no el placer de una eternidad que aguarda. Poco a poco, perdemos nuestras alas...

La Luna aún persiste, pero los silencios que acunan su mano azulado poco a poco se tiñen de gris. La magia es ahora una palabra que se acompaña con una sonrisa irónica, y un desvió a un tema "serio".

La noche lentamente se desvanece, y poco a poco las palabras no buscan perseguir las estrellas en su danza secreta.

La Luna aun persiste, malherida, sobria, acunando los silencios plenos, dónde una mirada habla con otra, y dos ojos reflejan un sentido primigenio en una conversación eterna que puede durar tan sólo unos instantes.

Pero aún persiste... Aún existen aquellos que escuchan, sin una sonrisa irónica, y exploran las miradas con delicadeza. Aquellos que conversan con el viento, y la Luna, y buscan entender el principio nominal perdido. Aquellos que sonríen de manera melódica, y cuyas miradas son bosques silenciosos, llenos de seres que pocos recordamos.

Aún persisten... Aún persisten, y sonrío, recordando las costas blancas, recordando las estrellas en el seno de Varda, recordando el Silmaril en la frente de Eärendil... Aún persisten, en las costas lejanas, en los valles perdidos, en los recuerdos que pasean por las hojas doradas de Lóthlórien. Las costas aguardan el retorno de aquellos que ven, de aquellos que hablan, de aquellos cuya mirada no es sosa y callada.

La magia persiste, olvidada y malherida, en la mirada azulada de la Luna llena. Algunos recordamos aquella mirada, y conversamos con la Dama de Plata.

La magia se disipa, pero la Luna persiste, y la mantiene en un rincón azulado, palpitando y aguardando.

La magia persiste... Pocos la recordamos, pero aún podemos recordarla algunos.

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