Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

sábado, 22 de noviembre de 2014

Destellos delicados, párpados de escarcha
Pestañas sencillas, como pinceladas delicadas;
Sonrisa de miel, y tranquilidad…

Mejillas sonrojadas, cambiantes,
Marcando un ritmo agotador de muecas
Y sonrisas deslumbrantes;
Cejas diminutas,
Se pierden en una frente de cristal
Y labios de rocío matutino.

Sonrisa perdida,
Cabello rebelde con silencios ajenos
Y pétalos de rosas perdidos en tu frente;
Nariz reconocible, marcando la cesura
Y dientes de ternura.
Cuello delicado,
Orejas tan pequeñas y tiernas…

Una sonrisa de escarcha,
Con destellos de cristal
Y nomeolvides rotos;
Una sonrisa de cielo…

Una sonrisa callada,
Y labios que no callan,
Trazando las sonrisas
En almas perdidas.

Ya no importa.

Te extraño.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Fragmentos de Azul

Dedicado a Alba Rico, en honor la magia que habita en ella


Conocí el Azul en un silencio polvoriento, acunado por el aroma de los libros viejos. Recuerdo aquello cómo si fuera ayer. Recuerdo la primera vez que pude verlos.

Una biblioteca vacía, un silencio dispuesto, y... Nada más. Comenzó con la tranquilidad de un parpadeo involuntario, y habitó cada instante mío desde ese día.

Comenzó con un niño... Aquello era quizás ridículo, pero fue así, y lo es.  Lentamente, fue adquiriendo un color definido, y los contornos fueron tomando consistencia a mi alrededor. Un bosque de nomeolvides, perfumado con suavidad, acompañaba mis largas lecturas, y los pétalos azulados formaban una almohada tibia cuando necesitaba reposar mi mirada. La Luna acariciaba mi nuca, y se sentaba a mi lado, escuchando sonriente mi silencio.

Despertaba en la madrugada, y formaba un castillo cálido, con un libro entre las manos, siempre.


Conocí el Azul, la magia perdida, una magia que los humanos siempre quieren olvidar. Quizás conversar con la Luna tanto tiempo permitió que el Azul no me olvidara a mi, no lo sé... Pero yo podía sentirlo, palpitando en silencios llenos, y descansando en melodías misteriosas, que acompañaban mis desvelos.

La Luna aún persiste.

Pero agoniza... Cada instante azulado se pierde en un silencio humano gris. Las miradas pierden la profundidad del cielo, las palabras titubean y pierden sentido. Poco a poco, conversar se vuelve un ejercicio de palabras asociadas, y no el placer de una eternidad que aguarda. Poco a poco, perdemos nuestras alas...

La Luna aún persiste, pero los silencios que acunan su mano azulado poco a poco se tiñen de gris. La magia es ahora una palabra que se acompaña con una sonrisa irónica, y un desvió a un tema "serio".

La noche lentamente se desvanece, y poco a poco las palabras no buscan perseguir las estrellas en su danza secreta.

La Luna aun persiste, malherida, sobria, acunando los silencios plenos, dónde una mirada habla con otra, y dos ojos reflejan un sentido primigenio en una conversación eterna que puede durar tan sólo unos instantes.

Pero aún persiste... Aún existen aquellos que escuchan, sin una sonrisa irónica, y exploran las miradas con delicadeza. Aquellos que conversan con el viento, y la Luna, y buscan entender el principio nominal perdido. Aquellos que sonríen de manera melódica, y cuyas miradas son bosques silenciosos, llenos de seres que pocos recordamos.

Aún persisten... Aún persisten, y sonrío, recordando las costas blancas, recordando las estrellas en el seno de Varda, recordando el Silmaril en la frente de Eärendil... Aún persisten, en las costas lejanas, en los valles perdidos, en los recuerdos que pasean por las hojas doradas de Lóthlórien. Las costas aguardan el retorno de aquellos que ven, de aquellos que hablan, de aquellos cuya mirada no es sosa y callada.

La magia persiste, olvidada y malherida, en la mirada azulada de la Luna llena. Algunos recordamos aquella mirada, y conversamos con la Dama de Plata.

La magia se disipa, pero la Luna persiste, y la mantiene en un rincón azulado, palpitando y aguardando.

La magia persiste... Pocos la recordamos, pero aún podemos recordarla algunos.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Quemas mis párpados,
y quiebras mis sentidos exangües…
¿Por qué?
Tus párpados perciben mi silencio
en ánimas redundantes y chirriantes;
aderezan los sentidos que me quedan
con silencios mal habidos…

Quemas mis pestañas
marcando el hierro en mi pecho;
resumes lentamente los versos perdidos
en una expresión corta y sencilla…

Basta.
Ya es suficiente,
¿no lo crees?

Quemas mis ojos,
con sal humeante y hiel;
endulzas las mañanas de un café
con azúcar para té.
Acaricias lentamente los suspiros
con tus uñas delicadas,
escribes mis latidos
en una tormenta de vacíos,
desechados al olvido
sin dudar…

Basta.
Por favor…

Los silencios no son nada ahora,
y cada verso es inútil:
choca en cada mirada desatenta,
en algo que se perdió,
y se pierde,
y no se halla…
no se halla…

Los silencios habitan
cada cumbre borrascosa,
los minutos cubren lentamente
las cortinas…
Ahora las cortinas son un sudario.

Habitas aún…
¿Por qué?
Ya basta…

Si la Luna me permite,
Hallaré el quebranto en cada latido,
y detendré esta cacofonía.

Si la Luna no me olvida,
cobraré cada sentido
en tiempo perdido.

Si la Luna lo dicta,
hallaré algo digno
en mis retazos rotos.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Poemas a Azdulella - Poema II - Por favor

Cierra tus ojos.
El cielo cae entre tus párpados cerrados. Tu frente perlada de estrellas acuna la Luna con un suspiro.
Sólo cierra los ojos. Por favor…
Cierra los ojos, por unos instantes. Permite a la Luna acariciarte. Permite a las estrellas deslizarte besos furtivos y murmurados con delicadeza. Sólo eso, nada más.
Pueden llegar a ti. Ella si te ve, allá arriba. Ella puede alcanzarte, con su mirada delicada, entre tus cortinas.
Cierra tus ojos.
Despliega las velas, y une un silencio en un collar azulado.
Por favor…

No. No lo hagas. ¿Qué puedo pedirte? Si tus lágrimas queman mis sentidos. Si tu sonrisa se opaca en mi oscuridad.
No. ¡No!
Por favor…
No. Abre tus ojos, cubre tus pestañas. Evita el silencio, y busca el cantar de una risa.
No, ¡no!
Ya cargaste demasiado. Descansa, por favor. Que tu estrella no se apague… Por favor.

No llegaré a ti… Tu cielo es otro, dónde los párpados son miel y los ojos buscan inquisitivos los instantes plenos. Tu cielo es otro…
Por favor, brilla.
Opacada, malherida… Mi ponzoña marca tu sangre, con ajenjo y hielo, corrompe tus sonrisas y carga tus lágrimas con una ligera capa de hollín.
Opacada, malherida, agotada… Mi ponzoña arde en tu frente, en tus mejillas, en tu mirada… Corrompe cada palabra, y sin excusarse prosigue.
No. No, por favor.
Tu estrella habita el cielo dónde la miel habita los sentidos, dónde la Luna no llora, y el niño en su pecho se acuna con una sonrisa.
No…
¿Qué debo hacer? ¿Qué pude hacer? Cuanta inutilidad… Cuanta inutilidad me habita, ¿verdad? Un cuervo…
Cuanta inutilidad… Cada silencio, con patéticos versos de metal y sal, que sólo agobian tus heridas. Cada silencio cubierto por murmullos chirriantes, por … por nada… por nada…
¿Qué debo hacer? ¿Qué pude hacer?
Sólo inutilidad… Aquello fue mi esencia…
No, por favor… Por favor…
Tu cielo acuna la Luna, en tus labios de cristal. Tu silencio no acude, tu risa adormece la eternidad.
Por favor, cierra tus  ojos…
No, ¡no!
Abre tus ojos, ¡abre tus ojos!
En tu cielo habitan las eternidades más perfectas… Inalcanzables.
Tu sonrisa acuna las estrellas de un mundo hecho… por nada…

Tu sonrisa acuna las estrellas de tu cielo azucarado.

martes, 11 de noviembre de 2014

La nuit écoute le silence, avec douceur,
Et la Lune pleure dans un miroir cassé ;
Si le regard coule dans une faible lueur
Un rêve fut perdu dans une étoile angoissée.

Son regard coule, avec puissance de rigueur ;
Vaincue annonce sa défaite l’éternité
Avouant faiblesse aux lointains envahisseurs,
Et la Lune pleure son obscure clarté.

Les accords ripostent, les larmes s’évanouissent ;
La beauté des larmes est interdite aux corbeaux…
Ecarlates églantines maintenant peuvent sourire.

Les nuits coulent, silencieuses, trouvant leurs tombeaux,
Le regard tue les instants et trouve un soupir ;
La beauté des larmes est la mort des corbeaux.

sábado, 8 de noviembre de 2014

Poemas a Azdulella - Poema I - A la deriva

A la deriva

Hunde el silencio
En una capa azucarada.

Desliza los pensamientos
En un copo de nieve;
Las gotas de lluvia harán el resto.

Abro los ojos,
Y callo.
Tus  pupilas tiemblan,
Se desvanecen;
Tus mejillas,
Y tu frente
Quedan pálidas,
Parpadeando en la ventana.
Las cortinas se agitan;
¿Por qué te escondes detrás?

Los minutos corren,
Con delicadeza;
Las sonrisas…
¿Quedaba el cielo
En su pena?

Un laúd llora,
Un silencio habla…
La ventana quedó abierta.
Te sientas en silencio,
Y cubres tus mejillas
Con las viejas cortinas…

Desliza el cielo,
Y guárdalo
En un cofre de papel;
Desliza el rostro,
Escóndelo,
Y vuelve a caer…

A la deriva,
En tus fragmentos,
En tu rostro angelical
Y tu sonrisa coqueta…

Tu voz ya no responde,
Y la canción se quiebra;
La melodía cesa
Sin crescendo.

Ahora,
Tu voz no responde…
¿Dónde estará?

Ahora…
El cielo calla,
Y tu voz también…

A la deriva…
Quedo a la deriva,
Sin saberlo.
Quedo a la deriva,
En tu silencio,
En tu ausencia…

Pero…
Seguiré tu melodía,
Seguiré el ritmo que marcan tus latidos,
Aunque no pueda hallarte.
Un niño, puede ver algo más…

Seguiré aquello suspiros,
Dónde las estrellas callan
Y marcan una escala diferente,
Marcan una nota que indica tu paso.

Seguiré… La seguiré…
Aquella estrella quizás no palpita,
Quizás no exista…
Quizás.
Pero, me conducirá a ti,
En tu cálida sonrisa.

Quizás sólo estoy a la deriva,
Perdido.
En una prisión de espejismos,
Abrazo una cortina llena de polvo;
La ventana abierta
Transcribe el frío.

A la deriva…
Todo tan lejano;
Te desvaneces.

Aún te escucho…
Aún sigo tus silencios,
Aquella tonalidad en tus labios,
Aquellos ritmo en tus latidos…
Quizás pueda hallarte…

Escucharé atentamente…
Es lo que queda;
Quizás pueda hallar
La música en tu mirada.
Quizás pueda escucharte...

Victor Cruz

sábado, 1 de noviembre de 2014

Respuesta

Una estrella lejana escribió hace poco:
*Quiero un relato. 
Quiero una chispa. 
Quiero adueñarme del pasado y recuperar lo que me pertenecía y se ha quedado atrás.
Lo que han dejado atrás...
Lo que has dejado atrás.*
(Versos de Alba Rico)

Su nombre es Alba Rico. 

¿Por qué decidí citarla? Quizás por que comparto aquel vacío, y aquella sensación de que falta poco para explotar…


Porque mis versos quedan vacíos, muertos en una hoja de papel, y resultan ser una mancha de tinta perdida.
Porque no consigo hallar el sentido, no consigo hilar aquellas palabras, no consigo aquella entidad completa…

Escribo, y trato, sin poder dormir si quiera.
Escribo, buscando… ¿Qué busco?
Lo que busco no puedo ni si quiera nombrarlo o definirlo… Y la hoja sigue vacía, manchada con versos oscuros y muertos, tan muertos como mis ojos, o mi boca.

Mi voz tiembla sin hallar nada que decir, sin poder decir nada.

El insomnio es certero, en un desgaste continuo, y las palabras siguen ocultas, perdidas en mi mente, perdidas en murmullos chirriantes.

Las puertas se rompen.
Aquellas voces lentamente se hacen notar, en diferentes armonías, quebrando los sentidos humanos, con silencios plenos y diferentes.
Las puertas de mármol negro quedan rotas, y los sellos de sangre lentamente se desvanecen. Lo que palpita se cierra, y lo que muere se abre, con pétalos azulados cuyas puntas comienzan a ser oscuras y grises.

Aquella explosión cromática dónde sólo persisten cuatro voces, ¿cómo explicarla?

Los puntos suspensivos son cada vez más abundantes. Los párpados vacíos que sueño cada noche, con alas de cuervo y cientos de ojos perforados…

Todo comienza. Cada silencio acaba, llevándose una plenitud dónde respirar era un sacrilegio…

Se desvanece.

El dique está roto, las puertas cuelgan sobre sus goznes oxidados.
Las voces hallan los caminos, y mis oídos quedan cegados en armonías cacofónicas, repetitivas, distantes y cercanas…
Los latidos ya no calman las mejillas rotas.

Sus labios de ceniza me buscan en silencio, con una sonrisa irónica, dónde se pierde… ¿Qué?

Los versos se deshacen, las palabras resultan ser únicamente nulidades, resultan ser cuerpos putrefactos vacíos, y el cuervo que las escribía se aleja con cautela…

Ahora,
¿Qué queda?
Si las palabras
No me alcanzan…
Si sólo puedo añadir
Puntos suspensivos
Dónde abunda el vacío.
¿Dónde quedan
Las palabras?
El mármol reluce
Sonriendo
Ante mi tonta
Insistencia.

Un cuervo… ¿Qué me queda?
Cuervos putrefactos, versos inacabados, y lenguas amoratadas. Eso me acompaña. Ella, la Ausencia, me atrapa con facilidad, y no me queda nada por hacer…

¿Han visto a un cuerpo con hilos de marioneta, con cuatros ojos sangrando? Es un raro espectáculo. No es algo agradable de ver, pese a que algunas de sus plumas aún persisten en azul.

No queda nada que escribir,
Y ningún verso
Posee vida,
Ninguna palabra
Me
Habita…

Deshabitado,
Ciego,
Sordo,
Con versos rotos…
Y palabras
Perdidas…

Respondo a las estrellas, que mis palabras mueren antes de salir… Que la hoja queda vacía, y no hay belleza en lo que un cuervo porta… El vacío me habita.
Respondo a las estrellas, que ya no logro ver la Luna, y sólo queda el Sol gris.
Respondo a las estrellas, que también voy a explotar…


Y que este texto es sólo un cadáver putrefacto y agusanado… Pero, ¿qué más da?



Cuervo Azul





Los versos enmarcados por ** pertenecen a Alba Rico Barrio, una excelente escritora que admiro y que me inspira. Aquí está el link del texto citado: http://garabatolvidado.blogspot.fr/2014/10/caca-seria.html


Este texto fue inspirado por aquella entrada de su blog, ya que al leerla tuve la necesidad de expresar algo que también sucedía en mí. Saludos a Alba Rico, y un fuerte abrazo.