Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Ataúd

Cierro los ojos.
Recorres mis párpados
Con tus labios de cristal.
Tu aliento despeina mis pestañas
Y agita mi piel.
Cubres mis pensamientos
Con un manto de tranquilidad.
Mis sueños divagan
Como anillos de humo
Entre tus labios, y tu piel.
Caen los pétalos azulados,
Con recuerdos escritos.

Todo lo callo.
Es necesario.

Tus besos me cubren,
Me entierran
Y puedo descansar.
¿Puedo quedarme?
Una lápida sencilla,
Una tumba en tu mirada
Y escuchar tu sonrisa cada mañana.
Un cuerpo sin ocaso
Dónde descansas tranquila,
Habitando mi silencio
Y mis noches.

Quiero que seas mi ataúd.
No pido mucho,
¿Verdad?
Tu mirada es suficiente.
Si abro los ojos,
No estarás allí…
Cierro los ojos, y te abrazo.
Abro los ojos, y suelto la almohada…

Quiero que seas mi ataúd.
Te escribo
O quizás, escriba a la Luna. ¿Podrás verlo? No lo sé. Yo te veo en su seno, y su mirada cálida me entrega tus besos…
Alrededor mío, un pantano de cacofonías derriba mi silencio, y cubre mi paz con un velo rasgado.  Los puntos se olvidan y todo queda desesperado y sin pausas y sin ninguna clase de tranquilidad o alguna manera de escapar de ello porque en sí se genera una prisión dónde no hay salida alguna y todo prosigue sin sentir nada. No hay suspiros, y cada vez que el silencio al fin llega, sólo aporta… No lo sé.
Trato de escribir, y los versos me fallan. Trato de cantar, y mi voz no te halla…
¿Qué puedo hacer?
Escribo lo que tengo, de manera insulsa y frágil, y me permito la insolencia de suplicar un minuto roto, y un segundo malherido. Quizás puedan entregarle esta misiva corrupta, y la Luna pueda exhibirla en su suave mejilla. Ella sonríe, y busca tus labios, para darme un recuerdo efímero dónde sostienes mi mano, ahora. Y entonces abro mis ojos, y no puedo verte. No puedo verte. No puedo verte…
¿Dónde están tus manos? ¿Dónde está tu mirada? ¿Dónde está aquella mueca, dónde tú ceja se contorsionaba hacia un rincón de tu frente, y tus labios se ocultaban despacio? ¿Dónde te encuentro?
No puedo verte… Es una oración malsana. Se repite, se siente, vibra con intensidad, Aquel vibrato es caprino, y no produce una melodía que calme.
Me arrullo sólo, mirando a la ventana. No tengo ni el consuelo de que me acompañes en esta observación, ya que las horas también se unieron a esta enemistad que tenemos con los kilómetros.
No estás. Debo repetirlo. Y cada día seguirá.
Te escribo, sin belleza en lo que digo, sólo… Sólo necesito que lo sepas. Necesito que existas aquí, y poder sentirte aunque sea en los labios del papel. Necesito delinearte en silencio, con tinta y grafito, para buscarte entre tanta blancura mancillada.
Desperdicio el papel… Lo sé. Nada de lo que escriba podrá traerte. La espera es larga…
Quiero sentirte, pero no estás.
Escribo, porque no tengo nada más. Incluso ello estoy perdiéndolo. Te busco, y la Luna me entrega una imagen efímera dónde acaricias mis lágrimas y las escondes en tu pecho.

¿Qué hacer?