Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

viernes, 11 de julio de 2014

¿Sabes algo?
No deseo escribirte versos.
Esta será una simple carta, sin belleza real. No usaré mis símbolos, o mis metáforas, ni nada de lo que suelo usar. Es más, no usaré ninguna rima, y trataré de escribirte sin sentir nada al hacerlo.
¿Qué te diré? Pues no lo sé. Estoy escribiendo por escribir. No sé si realmente quiero hacerlo, pero te estoy escribiendo, ¿lo ves? No hay versos. Es prosa. No hay nada que pensar, ya que todo va directo, las palabras son simples y no tienen nada oculto.
Pues bien, sigo sin saber cómo decirte esto. Sólo podría decirte que me duele mucho escribir. Ahorita me duele bastante. Es una sensación bastante rara, ¿sabes? Algo se interpone, algo me lo impide. Voy dos semanas tratando, y nada sale. Y aquello no me gusta, ya que necesito escribir, especialmente en estos momentos. Pero no, nada sale, me quedo en blanco. Sin ganas de usar en sí una metáfora, no puedo describirlo de otra manera o con otra palabra: es una prisión.
La verdad es que me duele. ¿Sabes lo único que he pensado? En la ausencia. Siempre he sido un buen amigo del insomnio… Pero ahora era una tortura. No hay otra manera de decirlo.
¿Sabes lo que pensaba? Quizás parecerá raro, o exagerado, pero lo que más me afectaba y me afecta es la foto de tus pantuflas cuadradas. Ese día bajaste con ellas. Eres la única persona que conozco que llega tarde aun cuando el lugar de encuentro es su propia casa… Y es algo que molesta realmente… Ese día, como siempre, te demoraste en bajar. Yo estaba sentado en tu sillón, aburrido, esperándote. Y tú bajaste. No recuerdo bien cómo estabas vestida, pero llevabas esas pantuflas cuadradas. Ahora voy recordando. Estaban bastante viejas, de un azul sin mucho color. Tenían lazos rosados, parecidos a pasadores. Llevabas medias delgadas, casi transparentes. Llevabas también un jean. Si, ya voy recordando.
No pude evitar reír cuando vi esas pantuflas. Llevabas un polo negro, también delgado, y mi casaca negra encima. ¿Recuerdas que te pedí tomarles foto? Y tú posaste, cuando yo sólo hice una foto de tus pantuflas. Cuando la viste, insististe en que te tome una foto entera, cuando yo sólo quería una foto de tus pantuflas. Volviste a posar, y te tomé otra foto. Pero la de las pantuflas fue la que realmente quería.
Me perdí. No debí levantarme, pero necesitaba hacerlo. No sé por qué menciono tus pantuflas cuadradas. Últimamente no dejo de hacerlo. ¿Seré fetichista? No lo sé.
Es un nudo, ¿entiendes? Quiero volverte a ver así, despeinada, con tus mejillas rojas, con gotas de sudor en tu frente, y con tus viejas pantuflas cuadradas… Quiero verte así. Cuan bella te veías. No me malinterpretes, siempre te ves bella. Pero ese día, esas pantuflas te hacían… no sé… ¿Pequeña? ¿Tierna? ¿Dulce? No lo sé. No puedo usar símbolos, lo he dicho, pero se me escapan en muchos momentos. Estoy tratando de ser lo menos simbólico o metafórico que puedo.
La verdad es que quisiera sentirte, pequeña, entre mis brazos. Aquellos abrazos que te daba, cuando me insistías en que te soltara, pero a la vez me abrazabas. Era muy gracioso, cómo te debatías, por qué te apretaba contra mi pecho.
Soy muy débil, ¿verdad?  No debería estar así. Dicen que debo estar sonriente. Dicen que debo ser positivo. Lo trato. De verdad lo trato. Sé que no debo, pero no puedo evitar escribir esto. Quizás lo borre después…
Detesto casi todo lo que escribo. Lo sabes. Creo que esto lo estoy detestando. No siento lágrimas, pero siento algo peor.
Estoy gris… Demasiado gris. No soy yo, lo sabes. No entiendo.
Ya no puedo.
Sí, quiero abrazarte, quiero tenerte entre mis brazos. Quiero escribirte lo mejor que pueda, con mis versos horribles y patizambos, sin musicalidad ni belleza. Aunque no te inspiren nada, quiero hacerlo, por qué lo necesito, y en cierto modo son lo mejor de mí.
¿Por qué para todos es fácil estar fríos? A mí me cuesta. Lo he tratado, y sabes muy bien que lo intento, pero no logro seguir así. Es peor que ser nada, por qué es ser un cuerpo oculto y sin sentido propio.
Si trato de dormir, no voy a poder. Voy toda la semana intentándolo. No sirve. No me ayuda. Dormir me hace aún más vulnerable. No puedo serlo.
Soy un escudo, gris, sucio, mellado, sin estandarte ni blasón… Soy una voz sin tesitura, sin color. Soy un camino sin sentido, ¿verdad?
A veces me pregunto por qué caminas en mi pecho… No es fácil. Casi podría llamarse aburrido… ¿Por qué lo haces?
Extraño tus viejas pantuflas cuadradas. Quiero verlas. Podría sonreír, reír. Podría tomarle alguna foto. Podría tomar tu mano, tu pequeña mano, y jalarte. Podría besar tus labios, a veces llenos de heridas por tu enervante hábito de mordértelos cuando estás estresada. Podría mirarte a los ojos, hasta que te incomodes y mires a otro lado.
Tantas cosas, ¿verdad?
No puedo serlo. Ni el hierro ni la sal pueden cambiar aquello que soy.
Pero es difícil. Es cómodo, y lo sabes. Es muy cómodo. El hierro se va amoldando, tomando los rasgos faciales, y encaja con firmeza y tranquilidad. Ni si quiera es sofocante, y eso que soy claustrofóbico.
Pero no soy yo.
Ahora estoy bostezando. Realmente siento sueño. Pero la verdad es que no quiero dormir. No quiero ni acercarme a mi cama, y menos tocar las almohadas. Me siento lleno de fuerza, aun cuando es una ilusión inútil que el frío me da.
Soy un inútil, y soy débil.
Estoy atascado, y pierdo color. ¿Será mejor?

Ya no deseo escribir. Creo que ni para ello sirvo.

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