Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

sábado, 19 de julio de 2014

¿Recuerdas?

Recuerdo tocar tu mano, en silencio, recorriendo la suavidad y las pequeñas asperezas.
Recuerdo tocar tus labios, con mucho cuidado, y sentir las heridas que te hacías en tu enervante costumbre de morderte los labios.
La Luna se aleja, y las estrellas se ocultan.
No puedo verte…
Tu sonrisa se unía al cielo en un murmullo, y el abismo huía, malherido.
El océano quedaba confinado a una gota de rocío, pequeña, tranquila.
La verdad, no te escribo por extrañarte. Aquello es demasiado parco. Te escribo, porque te necesito a mi lado, y no sólo te extraño.
El ajenjo es suave, y corre por las venas cómo por caminos de grava. Es sencillo de emplear, y ofrece tantos instantes nuevos. El mosaico se confunde, y la leche de amapola corre entre sus párpados. ¿Sería lo mejor?
¿Recuerdas algo?
Quizás podría liberarte. Quizás podría quebrar las cadenas, y evitar que hieran tus suaves muñecas. Quizás podría evitar que el hierro fragmente tu suave piel.
Extiendo mis manos, buscándote en el silencio. Me ahogo en el ajenjo, buscando aunque sea una minúscula partícula de tu aroma, de tu esencia, de tu suavidad y dulzura, de tu fuerza y fiereza, de tu orgullo y tu mirada.
Extiendo mis manos, buscando tus mejillas, para recorrerlas y verlas sin abrir mis ojos. Para verlas y sentirlas, y quedarme en ellas.
Busco tus párpados, y tus pestañas de cristal. Busco tus ojos rasgados, y aquello que tanto expresaban.
Es difícil explicar sin símbolos esto. ¿Se podría hacer sin compararlo? Quién sabe… Yo no puedo.
Es la ausencia misma, en un vacío…
No, no un vacío.
Es la ausencia una plenitud, un fragmento repleto de aquella sustancia perniciosa y cruel, que se retuerce en un amasijo de garras y navajas heladas, abriendo surcos y heridas.
¿Qué puedo decirte? La verdad es que ya no tengo idea de cómo hacerlo. Mis versos son míos, por lo cual se pierden en el viento, con alas raquíticas y heladas. No soy nada, pero trato de escribirte aquello que se quiebra lentamente, aquello que desaparece y se hunde.
¿Tú? No.  Tú estás allí. En cada latido, en cada instante que respiro. En cada  color de un mosaico azulado, que cree para ti, hecho de ti. Y lo tomé, para que se haga yo y todo.
Tú estás aquí. Te siento.
Y no estás.
¿Me sientes?

¿Recuerdas?

No hay comentarios: