Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

viernes, 20 de junio de 2014

No sé.

¿Estoy vivo?
No concuerdo con ello.
Las palabras que resumen mi esencia se desvanecen lentamente, en tus párpados cerrados y tus labios fruncidos.
Los instantes que demoraste en soltar la taza de café, y resumir todo un silencio en una mirada fueron realmente sencillos. No hubo muchas complicaciones, y podría decirse que fue un golpe limpio y sencillo. Pero, no lo creo.
La esencia puede fragmentarse. La esencia puede olvidarse, ¿verdad? Pero aquello que persistía entre momentos vacíos, aquello que ahora se extingue, inicia la conclusión precipitada de una voz cansada. La crisálida se marchita, los pétalos caen, y se abre un abismo. La mirada se hace sosa, las manos tiemblan sin temblar, los rostros se vuelven cada vez más opacos.
Si ya perdí la esencia, y lo que queda de mi es esta prisión de huesos y carne, ¿qué puedo hacer? Si escribo, me pondría en falta y cometería sacrilegio, ya que mis palabras serían una vaga ilusión de lo que realmente pude querer decir en algún momento. Pero no lo sé, y no podría saberlo.
Si la esencia se tortura con los labios afilados y angelicales, los instantes se acumularán en un estante olvidado, llenándose de polvo y perdiendo lentamente la capacidad de recordar. Poco a poco, se harán ajenos, y las voces que alguna vez los animaron y llenaron serán únicamente sonidos sin sentido. La esencia malherida quedará aferrada a pétalos marchitos, a rostros deformados, pesadillas de sueños hundidos, ahogados que recorren los minutos a la vida.
¿Qué puedo decir? Escribo, y escribo, y no puedo decirlo de ninguna manera clara y simple. Quizás he perdido algo, aquello que era capaz de decirlo, aquello que podía expresarlo. Quizás aquello se ha ido, y ahora camina algo en mí. Y ese algo, no sé su nombre, no conozco nada de él. Podría tratar de llamarlo, pero ahora me ignora, pues se ha hecho fuerte y es difícil detenerlo.
Lo ven. Sigo escribiendo, sin decirlo. No me aproximo si quiera. Quiero decirlo, pues aquello debería ser difícil. Pero no lo hago, y lleno más líneas, lleno más versos. No sé…
¿Qué piensas tú? Si ves mis labios carcomidos, mis ojos consumidos, y no reconoces aquello que alguna vez fui. Aquello era azul, y ahora aquello que ves es una mezcla vacía de oscuridad y gris, con una mirada deshollada, temblando.
Si estuviera vivo, mi mirada persistiría en la búsqueda de un fragmento azul, y se aferraría a él cómo a un recuerdo bienaventurado. Si viviera, mis labios besarían  tus ojos, y recorrerían tus mejillas sin decir una sola palabra, vibrando en tu suavidad.
No lo sé. No sé por qué debería escribir. Pero lo hago.

¿Qué soy?

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