Fiach Dubh

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lunes, 19 de mayo de 2014

Un hermoso viaje, ¿no crees?

Ellos se sentarán en el suelo. Si puedo, me sentaré con ellos. Quizás no pueda. Quizás tenga que sentarme en un sillón. O quizás no tengo que levantarme, me quedaré sentado y me acercarán al pequeño rincón. Ellos me mirarán, con aquellos ojitos deslumbrados, con aquel asombro, y aquella expectativa que pueden tener. Entonces, comenzará aquel coro, que muchos hemos dicho, y que muchos hemos vivido. Preguntarán, y preguntarán. Lo más probable es que la mesa todavía esté ocupada, así que tendremos que ir al rincón de todas maneras. Lo mejor será si se sientan en semicírculo, o quizás en un círculo completo alrededor de mi sillón. Me mirarán. Yo los miraré despacio. Muy tranquilo. Les responderé con una larga sonrisa, a la que trataré de dar un toque misterioso. Para hacerlos reír, bajaré mis lentes a la punta de mi nariz y los miraré por encima de las lunas transparentes.  Estoy seguro que se reirán, y yo me reiré, contagiado por sus risas cantarinas. Tan inocentes, tan pequeños. Les diré que se acerquen, para poder quitarme los lentes, y observarlos sin usar un cristal, para estar más cerca de ellos. Y comenzaré a contarles.
Les contaré de cómo era tu sonrisa. Les contaré de cómo llegabas tarde a las clases de inglés, y yo te veía entrar corriendo, desde la ventana del cuarto piso. Les contaré cómo me decía: “Ay esta chica, siempre llegar tarde…” Les contaré como, el último día de aquel ciclo, no había hecho nada (claro, diciendo en voz alta que no deben seguir ese ejemplo, que deben estudiar y no andar distraídos escribiendo poemillas) y tenía que presentar mi proyecto en clase, lo cuál sería la nota final. Les contaré cómo me uní a tu grupo, e improvisamos (y para dar la moraleja, les diré que el profesor se dio cuenta y que, al menos yo, pasé con las justas).
Y les contaré, riendo, de nuestras salidas cada estación, en las que llegabas muy tarde. Muy muy tarde (recibiré en pellizcón con una sonrisa de resignado, lo que hará que se rían aún más). Les contaré de mi fiesta de graduación, dónde espere al amanecer para decirte todo. Se reirán de nuevo, y harán comentarios quizás algo irónicos. Quizás se sonrojen algunos, y tengan aquellas risas inocentes de los niños, cuando tomar de la mano ya es una hazaña enorme. Pero seguirán atentos, escuchándonos.
Entonces, después les cantaré algunas de las canciones que cantábamos en nuestras batallas de quién lograba la canción más triste. Espero que mi voz siga estando buena para aquella época. Les contaré como era mi voz, y les hablaré de la relación que tuve con el cuervo.
Se reíran, me reiré. Si tengo fuerzas para ello, me echaré con ellos. Jugaremos a las cosquillas, y me reiré hasta que me salgan lágrimas.
Entonces te miraré a los ojos.
Algo me dice que estarán brillantes. Tendrás aquella sonrisa, aquella sonrisa que nunca ha cambiado, en la que tus ojos rasgados se unen despacio. Tu nariz se arruga un poco, y dan ganas de besarte. Durante el relato, harás mil y un muecas. Como tú misma dices, yo seré el débil, ya que lo más probable es que bote alguna lagrimita mientras les cuento ello. Tú cargarás a alguno, y le acariciarás los cabellos. Seguramente te opondrás férreamente a las acusaciones de tardanza. Contarás y hablarás seguramente sobre mi panza.  Quizás me des un beso, lo que hará que los pequeños se retuerzan, aunque quizás las pequeñas suspiren. Tus labios seguirán siendo igual de dulces, aunque quizás un poco arrugados. No me importa. Siempre serán tus labios, y míos. Los besaré despacio, ya que ahora serán más frágiles. Pero no dejaré de besarlos.
Quizás en algún momento te volveré a cantar alguna de las canciones que te he dedicado. Te besaré la mano, la acariciaré. Te miraré a los ojos. Y como siempre, mirarás a ambos lados, y luego hacia abajo. Aunque los pequeños me digan topo, no podrás sostener mi mirada con tus suaves ojos rasgados.
Luego, los dejaremos jugar. Me darás tu mano, y sonreiremos. Quizás el día siguiente sea el último. Habremos vivido una gran aventura, ¿verdad? Tu mano en la mía, tus besos los míos, tu cuerpo a mi lado. Observaré tus palabras y las hilaré en mi cuello. Si te vas, te vas conmigo. Iremos juntos, y nos darán las llaves del paraíso y del infierno. Creo que escogeremos el segundo. No necesitarás bastón, para algo estarán mis brazos.
Tomados de la mano, escuchando un suspiro. Escuchando las risas. Escuchando las conversaciones de la mesa, con voces de adultos que hemos visto crecer. Todos juntos
Tomados de la mano, con sonrisas y rodeados de risas. Juntos.

Será un hermoso viaje, ¿no crees?

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