Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

viernes, 9 de mayo de 2014

La lluvia no cae

Las hojas caen, muy despacio.
Arrodillado.
¿Qué me queda?
Las piedras cada vez se hacen más cálidas. La escarcha que cubre mis hombros, el silencio que arropa mis mejillas, las palabras que se ahogan en mis ojos…
Las gotas caen, y recorren despacio, marcando caminos y cerrando laberintos…. Recorren las mejillas heladas. 
Los cuerpos se amontonan en la fosa común. Las sonrisas petrificadas, las risas congeladas que nunca podrán escapar en busca de monstruos y querubines. No les queda mucho. Poco a poco, el polvo se esparce.
Un funeral de nomeolvides marchitas, un huerto de rosas afiladas que plagan los caminos y ahuyentan los silencios.  Las espinas penetran la carne. Disfraz de pétalos azules, que cae en pedazos dejando ver…
¿Qué veo? ¿Qué puedo ver? Las esquinas se cierran, las puertas se cierran, los pasos se derrumban. La nieve cae y oculta el sendero, y el hielo corta hasta el cuero más endurecido. Las palabras se unen y desunen, los rostros se hacen nada y la nada escribe una historia que dudan en leer.
Sus ojos cerrados. La lluvia cae. Las hojas caen, vestidas de cristal.  Caen en los pequeños riachuelos y poco a poco descienden. Un agujero se extingue y se inicia, se hunde y se escava. Los fragmentos rotos poco a poco van abriendo un camino, buscando el origen del tambor enloquecido.  El fuego se abre paso, y cual herrero infinito alista las ávidas navajas.  El veneno y la ponzoña, la sangre oscurecida y putrefacta, se unen en una danza rota, una danza maltrecha que cojea y busca alternativas.
Arrodillado, y aferrado a un pecio. ¿Se hundirá? Sus manos heladas, entumecidas… Sus uñas ennegrecidas, sus yemas pérdidas. ¿Podría existir? ¿Podría quedar algún naufragio sin ahogamiento? ¿Podría quedar algún frágil barquillo, que permita capear la tempestad?
Un círculo. ¿Sabes dónde empieza? Pone la punta del compás en el centro, e inicias el recorrido. ¿Termina? No lo sabes. Quizás podrías decirlo, pero en realidad no podrías definirlo.
Sí, lo sabes. Ya no tengo versos. Mis versos son las cenizas que cremé y adherí a mis párpados, mientras los fragmentos de cristal penetraban mis nudillos.  Y las lágrimas pesan lo que pesa una eternidad posible rota y modificada, disminuida y mancillada. Agoniza, y busca un respiro…
El niño descansaba en sus faldas. Ella lo acariciaba. Deslizaba lentamente sus yemas por su frente. Sus ojos brillaban. Aquella sonrisa iniciaba un crescendo de melodías sublimes y santuarios de perfecciones ocultas e inaccesibles. Su sonrisa…
Y la daga penetraba fácilmente la carne blanda. Se hundía, mordía, desgarraba, buscando en silencio los recuerdos y el ritmo. Devoraba los silencios, devoraba las notas, y plagaba de palabras sin sentido los órganos desfallecientes.
Y seguías cantando aquella canción de cuna. Tu mano recorría las heridas abiertas…  Las piernas no respondían, pero podía apartarse… La sonrisa. La sonrisa seguía allí. Una canción de cuna abierta en un libro de multiplicidades en colores y sonidos, sabores y recuerdos formando un prisma de perfección e imperfección perfectas.  Las notas proseguían., con hábitos ensangrentados, azuzando las mandíbulas heladas de los canes del Purgatorio y susurrando oraciones de buenas noches en los pequeños oídos agonizantes.
Su cuerpo ya no respondía. Arrodillado, en un charco de emociones vacuas y vacías, hundidas en hiel, y una canción descompuesta en notas desiguales y tritonos disparejos. Una harmonía deshecha, un nudo cortado, un silencio en quebrantos, y un lamento matutino.  Notas oscurecidas, voces corrompidas… Pero aun así, en sollozos y huesos rotos, en alas deshojadas y plumas quemadas, en rodillas ensangrentadas y estigmatizadas… Corría al encuentro.
Las hojas caen. Caen despacio, y la canción de cuna se eleva en oraciones fúnebres…
La lluvia ha cesado. Los ojos se abren, las miradas se cierran. La lluvia no cae, y el tapiz de nomeolvides lentamente se ahoga en la sequedad de palabras vanas. No queda mucho.
¿Por qué?
Alejas la lluvia.
¿Olvidaste las canciones enlazadas en la lluvia?
El niño se hunde, buscando las últimas gotas que se pierden en el jardín seco. Las palabras se deshojan, las alas se quiebran…
Ángel y desierto… Eternidad… ¿Eternidad? ¿Qué hiciste de ella?
¿Qué hiciste de la lluvia?
¿Qué hiciste de nuestra lluvia?
Las hojas caen. La lluvia las olvida.
Olvidados por la lluvia….
¿Por qué?
¿Por qué?

La lluvia no cae.

No hay comentarios: