Fiach Dubh

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jueves, 8 de mayo de 2014

Cascabeles

Ahora podía escucharlo.
Su piel se escarapelaba. La nieve de un verano, el cielo entumecido… Las palabras que se ahogan en tu almohada.
 Aquel rocío… Aquel rocío que empapaba el cubrecama…  No lo pensó en un principio. Pero ahora, era diferente. Debía serlo.  Tenía que serlo. Y si no lo era, de todas maneras estaba segura que dentro de aquellas puertas rectangulares y cuadrangulares  y lógicamente llenas de ángulos rectos debía haber algún tipo de artefacto que permitiese cuantificar y explicar silogísticamente todo ello.
Pero, ahora podía escucharlo. Aquello no se hallaba presupuesto entre las numerosas variables mencionadas en aquel cuaderno (al que se negaba a llamar diario y dónde nunca escribía en primera persona), lo que originaba un desliz dentro de aquel sistema.  Era algo que en un principio podía haber sido designado y descartaba, para evitar futuras complicaciones, pero algún obstáculo debió haber desviado su atención, lo que explicaba que ahora seguía allí. Claro, que decía algún obstáculo debido a que errare humanum est , y no había identificado aquel factor desconocido, o quizás simplemente olvidado.
Aquello, por explicación consecuente, era bastante imposible, por lo que no era real y entonces se podía concluir el origen de aquello en un sueño, o quizás algún momento de cansancio fuerte.
Su piel se escarapelaba. La ventana se había quedado abierta.  El soplo de aire frío recorría sus piernas. Aquello no era precisamente desagradable, pero tampoco era la mejor manera de descansar. Quería levantarse para cerrar la ventana.
Aquello… ¿Qué era aquello?
Aquello no podía ser. Era improbable, injustificable.
Se reía. ¿Por qué? ¿Qué sucede? Aquello era muy gracioso. Tantas palabras, tantas frases compuestas, tantos adjetivos rebuscados. Tanto…
¿Realmente necesario?
¿Qué dices? Por supuesto, aquello no era nada que fuera innecesario. Era sencillamente parte de un proceso.
Ser reía. Aquello era enervante. Pero… era… ¿Cómo decirlo?  Aquella risa… Aquella risa era…
No, no hay palabras. O seguramente las hay, pero no son… justificables. Debe haber alguna manera de poder cuantificar aquella sonrisa. Podríamos definirla con una medida específica y hallar un patrón de convertibilidad en otras unidades. Aquello podía tomar un tiempo, pero no era un proceso complicado.
De nuevo se reía. ¿Realmente necesario? Podías mencionar la nieve, aquella nieve que conociste en el último viaje.
Podías también hablar de las rosas, aquello era extremadamente común y era simple. Es más, existía la metáfora de las espinas, del rojo, el simbolismo, etc… Era sencillo.
Podías también hablar de aquellas florecillas, ¿recuerdas? Aquel cuento que leíste… Si, ha pasado bastante tiempo… Aquellas florecillas azules.
Pero, estamos hablando de risa. Ello incluye un sonido… Un sonido… ¿Pero cómo definirlo?
Sería sencillo aplicar alguna comparación. ¿Realmente necesario tanto? No.
Se reía. No podía hallar ello. Aquello era… desconcertante. Aquella risa… Aquel respiro. Era parecido a algo… A algo que he escuchado en algún momento…
Sus ojos… Recuerdo aquellas lagunas profundas, aquellas cumbres borrascosas que originaban caminos de silencio y penitencia… Aquellas palabras que se ocultaban en las palabras mismas…
¿Que era ello?
Sus ojos… Sus labios. Las rosas que mencionó no le harían justicia. En la mañana, me encontré con un predicador, hablando sobre las llamas del infierno. El infierno, el castigo eterno, dónde se quemaban por la eternidad. Tus labios, un fuego rojo e intenso, y eterno… ¿Podría ser la comparación correcta? ¿Cómo saberlo? Aquello era tan extraño…
Podía ser también… No sé. Algo debe haber. Algo que pueda hallarse. Algo… ¿La jalea de fresas? ¡Fresa! Exactamente. Aunque… aquello era muy simple. Incluso, solamente eran dos sílabas. ¿Cómo completarlas? No. No podría.
La risa… La sonrisa. La sonrisa… el sol. No, el sol quemaba. La luna. ¿La Luna? Claro. No sería el primero, pero era bastante exacto…
La risa…
La risa…
Esto es extenuante. Realmente no lo entiendo.
¿Cómo?
¿Cómo se hace?
Te ríes. Siempre te ríes. ¿Por qué lo haces? Me enerva. No puedo con ello, no hay manera. Ya, ya sé, seguramente podrían decirlo de mil y un maneras. No lo sé.
¿Cantarina? No, eso es un adjetivo…
¿Graciosa? Lo es, lo es… pero no, no es convincente, y no se adapta al todo.
¿Qué puede ser?
No lo sé…

Te ríes.

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