Fiach Dubh

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sábado, 22 de marzo de 2014

En la orilla de tu cama

¿Me recuerdas?
Yo sí te recuerdo.
Recuerdo tu respiración, tan suave. Tan tranquila. Tu aliento, perfumado por el aroma del café que compraste en aquel supermercado al que nunca podré acompañarte. Tus cabellos, desordenados, algunos de ellos robándote besos y suspiros. Tus párpados callados, inmóviles, y tus largas pestañas velando y vigilando. Tu frente, perlada con algunas gotas de sudor, y con pequeñas arrugas a la altura que nace la nariz. Tu pequeña nariz, brillando, reflejando la luz de la luna, que se cuela a tu habitación entre las rojas cortinas….
Recuerdo tu velador, en el que siempre dejabas un vaso de agua, medio vacío, ya que siempre tomabas la mitad antes de acostarte. Pero ahora, veo una taza vacía, con los restos de café… No solías tomar café en la noche. Siempre te quejabas que no podías dormir apenas te acostabas, que teníamos que quedarnos boca arriba mirando el techo, escuchando nuestras respiraciones, el ritmo acelerado de nuestros corazones agitados,  sin poder decir mucho. Todo era diferente en algún momento… O eso creo. En algún momento tu mentón se apoyaba en mi pecho, y tus manos recorrían mi frente, apartando mi cabello. Sentía tu aliento en mi cuello, y no nos quedábamos callados observando las imperfecciones del techo.  Recuerdo que tus mejillas no se quedaban blancas, aun recordaban cómo sonrojarse. Recuerdo que aquello que recordábamos no eran sólo recuerdos agonizantes, no eran únicamente palabras, eran también vidas vividas y vidas pasadas.  Recuerdo que solías sonreír mientras enredabas las sábanas y nos cubrías con aquel blanco velo. Nunca pensé que aquel velo sería ahora un sudario…
¿Por qué la taza de café? ¿Por qué no sueñas, como antes?
Solías contarme aquello que soñabas. Aún recuerdo aquel sueño que tuviste, del que los dos nos reímos. Y me abrazaste, y besaste mi cuello, y mordiste suavemente mi mejilla izquierda.
Nuestra cama se hallaba en medio de una habitación pequeña. Llegaste como siempre, antes que yo, y ya estabas acostada, leyendo aquella novela cuyo nombre hasta ahora no logro recordar o memorizar. Como siempre, después de preguntarte que estabas leyendo, te enfadaste, ya que hasta ahora no podía recordarlo.  Recuerdo que te acostaste, y te cubriste con las sábanas, y yo riendo, me acerqué despacio, quitándome los zapatos y la casaca, dispuesto a encontrarte en aquella marea blanca. Entonces lo sentí. Aquel perfume nuevo. Y vi aquella taza de café, que no se hallaba allí, pero que se encontraba en ese momento en el velador. Y entonces dejaste de esconderte. Te vi. Tus ojos oscuros, y ocultos por un velo de lágrimas de sangre. Tu boca firmemente cerrada, y tus labios formando una línea recta y sensual. Tu mirada se hundió en mí. Y en ese preciso momento, recordé todo. Aquello que soy, que fui, y que siempre seré.  Y lentamente, sentí mi cuerpo esfumarse, sentí mi nombre olvidarse, y tu cuerpo sonreír, aliviado. Pero tu mirada dejaba caer aquellas lágrimas ensangrentadas. Tu alma se desangraba. No estaba allí, pero me aferraba a ti. Me aferraba a aquel sentimiento que me creaste, aquel deseo irrefrenable que escribiste en mi alma, aquella personalidad que me diste y que escribiste en tu diario. Te suplicaba callado, pues mi voz ya estaba borrada. Las páginas borraban, como manchones blancos. Y tus labios formaron una sonrisa triste, que sólo susurraba despedidas y murmuraba un adiós que ni tu misma creías. Y yo suplicando, aferrando a tus sábanas, arrastrado a aquello que era, a la realidad que tú misma borraste para hacerme parte de aquello que volvió tu costumbre nocturna.
Recuerdo… ¿Realmente recuerdo? ¿O escribes aquello que pasa por mi mente? ¿Cómo saberlo?
Me llamaste una vez, y luego lentamente borraste los versos y la prosa que eran mi identidad, mi voz, mi silencio, mis caricias, mi humanidad, y todo lo demás. Me llamaste y luego te despediste, así, intempestivamente, sin explicaciones. ¿Te fallé? Nunca me lo dijiste, nunca supiste decirme nada más que sonrisas y miradas…
Y ahora me siento en la orilla de tu cama, y observo. Y pienso que recuerdo todo esto, mientras tu sonríes y sueñas, y quizás creas otro yo, otro que se acueste a tu lado, y le das mi nombre y mi voz… ¿Le darás mis besos, mis caricias, mis miradas? No lo sé. 
¿Qué hago aquí?
Nací de ti, pero me expulsaste de tus noches, me expulsaste de tu vida, y ahora no sé qué hago sentado en la orilla de tu cama, observando tus párpados petrificados y tus pechos adormecidos entre tus sábanas blancas.  Escucho tu respiración, que ya no es calmada, sino agitada, y tu cuerpo se estremece, cómo aquellos momentos en los que susurrabas mi nombre en mi oído y luego mordías muy despacio.
¿Qué hago aquí?
No pertenezco a nada, ni a nadie. No soy nada, ni nadie.
Tú me trajiste, tú me llamaste. No sé dónde, no sé cómo volver, no sé adónde ir. Sólo me siento en la orilla de tu cama, y me embriago de tu cuerpo callado y agitado. Me embriago de recuerdos que no sé si tu creaste o si son reales. Me embriago de momentos que quizás no fueron.
¿Quién soy? El nombre que me diste te pertenecía, pero pudiste dármelo al despedirte. ¿Quién soy ahora? Me lo arrebataste también. Conjuraste mi silencio, pero aún sigo aquí, y te observo.
¿Qué hago aquí, sentado a la orilla de tu cama?
Sonríes despacio, con una sonrisa agonizante. Tus piernas se enredan entres tus sábanas. Tu respiración sigue agitada.
Se acerca el día, y debo partir. ¿Adónde? No lo sé. ¿Debo? Tampoco lo sé, pero así será… No lo sé.

¿Qué hago aquí sentado a la orilla de tu cama?

8 comentarios:

Alba Rico Barrio dijo...

Aishhh me encanta. Me encanta que haya podido inspirarte algo como esto una de mis creaciones. Estoy contenta. Tienes muchísimo talento.

relatosdelbaul dijo...

Me ha encantado! Simplemente he cerrado los ojos y me he transportado a los momentos que ibas narrando :)

Victor Cruz dijo...

Muchísimas gracias Alba. Eres siempre una fuente de inspiración para mi, mi maestra lejana. Tu obra es una fuente de magia, de inspiración y de esencia. Pronto escribiré de nuevo sobre alguno de tus textos. Rendición es mi favorito de momento =)

Victor Cruz dijo...

Muchas gracias por leerlo =) Lo escribí cerrando los ojos en muchos momentos, y tratando de vivir mientras escribía. Muchas gracias por el apoyo, y realmente me alegra que te guste =)

Paola Parodi dijo...

Imagine el momento de cada parrafo... Excelente escrito, te felicito :D

Victor Cruz dijo...

Muchas gracias por leerme =) Es todo un honor =)

Magalí Cuadra Centeno dijo...

Increible!! Me encantó Victor!!! me transporté a otro sitio por unos instantes!! escribís muy bien!! te felicito!! :)

no me llamo Analú dijo...

''Nací de ti, pero me expulsaste de tus noches, me expulsaste de tu vida, y ahora no sé qué hago sentado en la orilla de tu cama, observando tus párpados petrificados y tus pechos adormecidos entre tus sábanas blancas.''

Qué intenso todo, tu manera de narrar es muy muy muy buena, me encantó! Ese matiz de melancolía y de tristeza es embriagador!