Fiach Dubh

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domingo, 12 de enero de 2014

Pensamiento sin azul ( o no tanto)

Un niño que no olvidó a su amigo imaginario...
Un niño que persiste en ver hadas y duendes...
Un niño que busca el azul, y halla gris...

Escondidas entre las metáforas, y los símiles;
Entre anáforas  y hipérboles...
¿Que mas da?
Ya no me queda nada...
Al menos, eso es lo que ahorita creo. ¿Para que un verso más? ¿Para que? Mensajeros silenciosos, callados, sin lengua... ¿Es necesario alzar la voz? ¿Es necesario gritar? ¿Arrastrarse entre las cenizas candentes y los vidrios rotos, dejando un rastro de sangre y lágrimas? ¿Es necesario todo ello?

Me arrancaré los ojos.. Tampoco me sirven. Son inútiles, por que sólo saben susurrar y callar. Nadie detendrá su camino, nadie prestará atención... ¿De que me sirven entonces? Tenazas de piedra, calentadas al rojo vivo, sólo eso necesito. Un pequeño movimiento. No necesito de ellos... ¿Para que? No me sirven.

Inútiles versos, pero sigo escribiendo, ¿lo ven? ¿Que puedo decir?
Quizás sea sólo una mala costumbre. O quizás sea aquello que muchos llaman esperanza, aquella amane traicionera que abandona y deja...

El niño que cree en hadas, y en el azul de un cielo despejado... EL niño que habla a la Luna y le cuenta sus historias, aquellas historias que en su cabeza resuenan... Pobrecillo, ¿verdad? Debería madurar, ¿verdad? Creer en hadas... ¿Cómo es eso posible a su edad? Que patético, ¿no creen?

¿Por que te resistes? ¿Que te queda? Estas sólo. Tus versos no se alzan a tu lado, no proyectan ni una sombra. Es un mensaje fallido, un cuervo interceptado que cae entre la maleza, con una flecha de hielo bebiendo su sangre... ¿Que te queda? No te resistas. Todos forman parte de la Nada. Lo harán, ya verás. Sólo espera un poco más. Todos van a ella. Todos.

¿Por que te resistes? ¿Que te trae el Azul? ¿Que logras escuchándolos? Nada. Lo sabes. Estás sólo. Llevas un mensaje sin sabor alguno, un mensaje de un forastero que nadie escucha ni escuchará. Puedes caminar hasta que tus pies de deshagan, nadie escuchará. Porque... ¿A quien podría importarle? ¿Quien eres? ¿Cual es tu nombre? ¿Quien sabe tu nombre?

¿Por que te resistes? ¿No ves lo que eres?
¿Por que?

Estas sólo.

Y sigo escribiendo, sigo... ¿Por que? No lo recuerdo. De verdad. Quizás sienta que debo, y mis dedos hormiguean despacio mientras mi sangre gotea. Es el secreto. Los versos pueden hallar tinta en la sangre. El lecho de un silencio y del ajenjo que recorre mis venas... El jugo de las amapolas lentamente embota mis sentidos, pero sigo despierto. El licor que cae ahora en mis lágrimas, buscando cerrar los agujeros sanguinolentos que deje...

¿Dónde dejé mis ojos?

Recuerdas tu nombre... ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas lo que fuiste? ¿Recuerdas tu hogar?
¿Lo recuerdas?

No, no debes. Tu lo creaste. Sólo es tu imaginación.

Recuerdas aquellos caminos de nomeolvides... Recuerdas un cielo dónde las estrellas danzan y cabalgan por un campo de invierno... Las doncellas doradas llevan arcos y flechas, llevan arpas y liras, y cantan mientras mantienen su guardia... ¿Lo recuerdas?

No, no debes. Todo lo creaste. Todo lo hiciste para construirte un mundo, en medio de tu delirio de adolescente inconformista. Crece niño. No existen las hadas.

Recuerdas a los niños, en un círculo, a tu alrededor... ¿Lo recuerdas? Recuerdas sus voces... Aquellas voces que nunca pudiste describir. Claro, ¿como podrías? Eres un vano intento de poeta... ¿Que puedes hacer? Tus palabras son caminos torcidos y vacíos... Vete.
Recuerdas aquella danza, en el valle de nomeolvides... ¿Lo recuerdas?
Recuerdas a las danzalillas, bajo la luz de la Dama... ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas sus ojos rasgados, llenos de silencio y de melodías sin fin? ¿Recuerdas sus alas de plata, y sus dedos blancos? ¿Lo recuerdas?

No deberías recordarlo. Crece.

Recuerdas aquellas voces que te rodeaban. Lo recuerdas. Recuerdo aquellas que susurraban historias y me hablaban de un hogar de nomeolvides y canciones. Lo recuerdo. ¿Por que?

No debería.

O, ¿debería?

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