Fiach Dubh

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viernes, 3 de enero de 2014

Azul I

El me lo dijo.
Tenía que hallarlo.
Debía estar en algún lado.
Debía encontrarlo.

Sus pequeñas manos recorrieron mi frente. Temblaba.
Sus manos, tan suaves.

Llegué a mi casa, cómo siempre. Puntual.Tenía que hacer los deberes. Me dijo que estaban fáciles. Tenía razón. Era escribir. Es muy fácil.
No había nada más que hacer. Cerré las cortinas y apagué la luz. Cerré la puerta y puse el pestillo.  Quería escucharlo.

Su voz era casi un susurro. Pero sólo podía ser escuchada. Cuando la melodía empezaba, era la eternidad. Mi madre decía que hay instantes que son eternos, por que viven en recuerdos. Esta eternidad era diferente. No lo sé. Si le preguntara a la maestra, se reiría de mi. Así que no sabría como decirlo. O que decir.
Cada día pensaba en ello. En llegar, cerra la puerta, apagar la luz, y escucharlo.

Me contaba muchas cosas.
Tantas cosas.
Siempre hablaba de aquel lugar. Siempre. Su hogar. Aquellas palabras estaban llenas de calidez. Los escalofríos que me recorrían , que me recorren son... No sé. ¿Que puedo decir?
Siempre me lo decía. Siempre.

Recuerdo la primera vez que me visitó. Llegué como siempre, pero con unos moretones más. Cosa típica, aunque esta vez había sido ligeramente más fuerte. No me esperaba esas piedras. Tenía que cambiarme rápido. Sentía la ira, pero no me servía de mucho.
El llegó entonces. Lo vi en mi ventana. Quizás vino de la Luna, quien sabe. Recuerdo su sonrisa. Era una sonrisa tan suave, y muerta. Pero no era un cadáver frío. Era un cadáver cálido, sin sangre pero lleno de esencia. No sé.
Era azul.

Debía buscarlo. En algún lugar.

Papá me castigo por hacer ruido mientras él corregía unos informes. No es mi culpa. Tenía que buscarlo. Una puerta, un fragmento. Tenía que irme. La puerta se abría, se cerraba, pero nada más.

El siempre venía y me contaba cuentos.
Me dijo que tenía que hallarlo.

¿Para que? ¿Para que? No lo sé.
Pero debía hallarlo.





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