Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

domingo, 15 de diciembre de 2013

Te veo llorando en mi funeral...
¿Por que?
¿Que hice?

Eres libre.

Tus lágrimas caen y mojan mi rostro pálido.
¿Por que?

Eres libre.

Huye

Creerse poeta... Creer que tus versos se deslizan en las heridas que dejas abiertas en su corazón puro... Creer que aquellas metáfora, aquella métrica barata podría secar las lágrimas que corren por sus mejillas, y que se pierden en la inmundicia de un mundo gris... Realmente patético.
Creer que eres paz, que eres dulzura, que eres paz... Creer que vales su sonrisa, que vales aquella pequeña luz de una estrella que vas destruyendo despacio...
¿Que eres? Lo sabes, ¿verdad? Tu plumaje negro sigue allí, quieras o no.
Eres la sal en las lágrimas, eres la plaga que carcome el rosedal.
Eres la carroña que lentamente cubre el perfume del jardín.

Que patético. Sus lágrimas corren, y tu escribes versos. ¿Crees que valen algo?

Eres la herida que se abre en su pecho.
Eres la sanguijuela que bebe su sangre y aumenta su palidez.


Realmente.... ¿Realmente? ¿Crees que tus versos disparejos, que tu prosa insulsa, que tu arte inmundo curará sus heridas?

Eres la sangre coagulada que embarra su templo.
Eres herida y eres cicatriz.
Eres silencio, pero de palabras ausentes y rotas.
Eres el viento que arruga los pétalos.
Eres la tortura...

Y sigues. Realmente no te das cuenta, ¿verdad? Tus versos son inútiles, son corrupción en jardín de nomeolvides. ¿No lo sabes acaso? Carroña. Cuervo, vete a tu carroña.

Lo sé. lo sé.
¿Que puedo hacer?
Eres la crueldad, y la impureza.
Eres el polvo que hiere sus ojos.
Eres la imagen de lo que yace en el Purgatorio.
Eres infierno de llamas cálidas, pero devoradoras.
Eres promesa rota, y su bondad ignorada.
Eres...
No lo sé.
¿Humano?
Demasiado...
¿Y así te llamas extranjero?

Y sigues. Sigues escribiendo. ¿Que haces? ¿Que lograrás? Nada. Nada puede redimir tu alma torturada, tu alma culpable.

Mira el filo.
Mira la hoja reluciente.
¿Podrías?
Cobarde...

Y sigues... Sigues... Para. Para de una vez, ¿no?
Déjala libre, déjala ir.
Libera su sonrisa.
Eres una prisión helada, mugrienta. Eres una muralla que esconde su sonrisa, que la oculta y la aleja de ella.
Eres una prisión de barrotes en hierro, afilados, que lentamente dejan surcos en su piel blanca y se manchan en su sangre. Barrotes oxidados y rugosos, sin finura alguna. Toscos, como los dedos con los que acaricias su mejillas. No sabes nada, ¿verdad? Sólo sabes herir.
Eres... Eres...
Eres lo que decías no ser, ¿recuerdas? Decías ser azul. ¿Por dónde?
Tu plumaje es negro, putrefacto, herrumbroso.
Tus garras, ¿acarician dices? Desgarras su suavidad, su bondad. Desgarras su mirada de verdad, de ternura, de confianza.
Tus garras... Sólo beben sangre y dejan un surco ennegrecido de piel muerta...
Es lo que eres.

Destruyes su sonrisa,
La haces pedazos...
¿Como puedes?
Déjate caer en el abismo de hielo,
Enciérrate en una fortaleza de hierro y sal,
Atraviesa tu cuerpo con estacas cristal...
Cubre tus rostros de cadenas y espinas,
Cubre tus manos y corta tus dedos,
Quémalos...
Quema tu rostro... Esa será tu belleza, así que sonríe.
Corta tu sonrisa y entierra los fragmentos bajo la arena y el hielo,
Tártaro o Infierno,
O Purgatorio...
Son bondades para ti, ¿verdad?

Y sigues escribiendo. Sigo escribiendo, y sigo cubriéndome de tu sangre inocente.
Sigo bebiendo tu esencia y fragmentando tu sonrisa...
¿Que soy?
Cuervo... Demonio...
Lágrima y herida,
Cicatriz y quemadura,
Sangre y hielo,
Sal y hierro,
Cuerpo sin alma,
Fantasma y oculto,
Oscuro...

Y sigo escribiendo. Huye. Huye de mi.
Huye con tu sonrisa, pues no la merezco.
Huye con tu risa, escapa de mi silencio.
Huye...
¡Huye!

jueves, 12 de diciembre de 2013

¿Que sabes?

¿Que sabes?
Dímelo...
De aquello que se oculta bajo mi piel,
Y que me susurra pidiendo tus labios...
Aquello que vivía...
Que palpitaba...
Que reía como un recién nacido, y lloraba como un niño...
¿Que sabes?
Nunca viste el mundo a través de sus ojos,
Sus ojos de niño perdido...
¿Hay niños perdidos?
No.
Siempre poseen un camino,
Un silencio,
Una melodía,
Y alguno que otro sueño...
¿Que sabes?
¿Que crees saber?
Buscas...
¿Lo haces?

sábado, 7 de diciembre de 2013

Sobria

Sobria de mis versos...
¿Que me queda?
Y la sangre corre...
Sobria,
De versos;
De locura...

Los cristales rotos
Nuestra alfombra...
Embriagado de tu pelo,
De tus labios,
Tu mirar...

Y mis lágrimas te lloran,
Te buscan...
¿Los versos?
El polvo
Que se acumula despacio
En mi sangre...
La pluma mellada,
Bebiendo mi sangre...

Mi silencio,
Aquello que surge,
¿Aquel?
Sobria de mis versos,
Mi locura,
Mi esencia...
Quedas,
¿Quien lo escucha?
¿Quien?

Sobria de mis versos,
Escapa de mi silencio,
Escapa...
Aquel...
¿Quien es?
Sobria de mi cuerpo,
Del silencio...
Sobria de mis versos,
De mi nombre,
De mi ajenjo...
¿Que soy?

Sobria,
Callada,
Que mis versos no te embriaguen,
No te pido...
No puedo...
Sobria de silencios,
Escucha un murmullo...
Sólo un murmullo,¿si?
Sólo uno...
Entre los cristales rotos,
Y las gotas de silencio...

El vaho que queda,
Que quedaba,
¿Y queda?
¿Quien sabe?
Sobre tu ventana,
Y se pierde en el rocío...
Aquello que busco,
En metáforas, símiles;
En versos, y notas;
O en una mirada...
¿Lo sabes?
No lo sé...
O lo dejé en al verso
Que escondí,
Que enterré
Y lentamente deshice.

¿Que puedo decirte
Que no sea un verso?
No lo sé...

Sobria de mis versos
Y de mi locura....
Duermes sin susurros...
Ya no.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Otro pensamiento

Quisiera que me tomes como un pequeño libro...
Un pequeño libro sucio, viejo, roto, lleno de polvo...
Remendado, lleno de moho, de esos libros que cuando los ves realmente no te dan ganas de leerlos...
¿Ves la imagen? ¿Si?
Abre ese pequeño libro. Si quieres ponte guantes, no importa. Mejor, por que pueden dañar las yemas de tus dedos. Sus páginas hieren, cortan, están afiladas, como navajas oxidadas... Envenenadas e impuras.
¿Puedes abrirlo? ¿Si?
No me importa que no lo dejes en tu mesita de noche...
Tíralo después si quieres, déjalo en el fondo de un armario vació o debajo de una esquina de algún escalón perdido. Realmente no importa, ¿no crees?

Las páginas están viejas, llenas de moho... Manchadas, rotas, agujereadas por polillas y pececillos de plata.
Por favor, no te detengas. Sé que no es agradable, lo sé. Pero, por favor, no te detengas...
Las frases están borrosas, de tinta perdida en el tiempo...
No queda mucho, ¿verdad?
Pero, por favor, no te detengas... Te lo suplico, no lo hagas.
Pasas las páginas... No me importa si haces muecas de desagrado... Lo entendería perfectamente, no te preocupes.
Trata de leerlo... por favor...
Es lo único que me queda. Lo último, lo único... Es todo.

En aquellas páginas remendadas y rotas, ¿recuerdas lo que había? No, no lo sé... No sé si lo leíste antes. Quizás si... En fin, recuerdas algo, ¿verdad?
Sólo un verso... Alguna página que quizás arrancaste y guardaste... Algo... ¿Si?
Por favor, trata de recordarlo... ¿Puedes? Sé que no es una visión agradable.. Lleno de moho, empolvado, roto... ¿Quien quisiera un libro así?
¿Que vale un libro así? ¿Sirve de algo? ¿No sería mejor dejarlo en el fondo del granero, entre la paja y el heno? Quizás si... Mejor, creo...
Si, creo que es mejor... Están escritas las palabras en lenguaje vulgar. No vale la pena leerlas. Mereces algo mejor

Pero, podrías darle un tiempo más, ¿podrías?
Quizás alguna página pueda servirte de algo.
Y podrías usar aquella piedra de pisa papel. Sería mas sencillo, ¿no crees?

Sí, lo sería...

Quisiera que fuera diferente. Quisiera llenarlo de versos que te agraden...
Quisiera llenarlo de ilustraciones y grabados, llenos de vida y color... Llenos de magia y realidad...
Quisiera llenarlos de frases puras, y directas... Frases que no cansan, pero que se leen y se disfrutan como una buena comida.

Quisiera que fuera un libro encuadernado en papel de oro... Lo único que brilla en este son los restos de los encabezados, en tinta de plata que ahora es aceite en agua...

Quisiera... Quisiera...

¿Como pedirte tanto?
¿Como pedirte que leas aquella poesía simple, oscura... sin vida ?
¿Como pedirte que desgastes tus ojos buscando en las profundidades cavernosas y putrefactas de aquellas páginas mohosas?
¿Como puedo pedírtelo?
No...

No.

No puedo hacerlo. No debo.

Deja que caigan... Que la lluvia termine de borrar las frases ennegrecidas... Que lave aquel pésimo relato, que deshaga las páginas y que poco a poco carcoma lo que las une. Que sólo quede el silencio y las comas que se quedan siempre.

¿Como pedirte tanto?

Que lo tomes en tus manos es ya suficiente. Nadie ha tomado aquel libro jamás... Siempre se ha quedado en aquel estante lleno de polvo... Siempre. Quizás era mejor, ¿no?

Mejor quemarlo.
Mejor dejarlo hundirse bajo el puente de piedra....
No...

No puedo pedirte nada.

No debo...

¿Puedes leerlo?
¿Tratar de decifrarlo?

Quizás encuentres algo...