Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sálvame

No te lo imaginas...
No puedes.
Nunca has podido...
¿verdad?

Sálvame.... Por favor...

No puedes sentirlo. O quizás no quieres. ¿Quien podría saberlo? El hierro que se hunde lentamente... Cristales helados que penetran la piel...
No puedes verlo, ¿verdad? Avanzan ellos, y el acero brilla en sus manos... Avanzan, sin para, sin dudar, con el brillo de tus ojos en sus pupilas oscuras.
La sangre corre.
Los niños azules no corren, los miran. Son muy tontos, ¿verdad? Patéticos. No se apartan del acero, por que ven tu bandera... No te temen, ¿te das cuenta? Son ciegos y sordos a sus propios gritos. Son ciegos y sordos, y no ven la sangre que mana de sus cuellos. Ridículo, ¿verdad?
Tus mensajeros llevan tus sellos. Los niños se inclinan. Sus cabezas ruedan por el pasto. Sus cuerpo desmembrados se pudren a la intemperie. Que patéticos, ¿verdad?

Sálvame... Por favor....

Nunca pudiste verlo..
Y no dijiste nada...
No dijiste nada, pese al susurro desangrando que agonizada a tus pies... No dijiste nada frente a la canción, escrita en las venas abiertas que sollozan... No dijiste nada... ¿No era necesario verdad?
Los campos de nomeolvides arden despacio... Pero siempre volverán a crecer, ¿verdad? ¿Que importa? Volverá la primavera, y volverán a nacer... ¿Que mas da que caigan algunos niños? Nacerán muchos más, y poblarán de nuevo el valle con sus alegres susurros... Que mas da.

La última mirada, ¿la recuerdas?
Uno, solo uno, que llegó a tu regazo. Acariciaste sus cabellos, mientras el acero se acercaba... El niño te susurraba, te cantaba, cantaba sobre tus labios y la suavidad de tu mirada... Poemas de versos azules, el niño te los entregaba. ¿Por que huir? ¿Por que huir de la dulce emperatriz? ¿Por que temerla? ¿Por que usar armadura frente a sus manos de sea? ¿Por que? El niño cantaba en su silencio, y la daga lentamente se acercaba...
Una última mirada... Y una última lágrima...
La sangre se puede lavar, ¿verdad? Tu vestido no se ha arruinado, así que ¿que importa? Lo lavarás en las lágrimas que quedaron acumuladas entre los tallos ennegrecidos y los pétalos marchitos. Los pequeños palacios que hicieron en tu nombre se derrumban. Los altares de plata, todo se derrumba. ¿Puede reconstruirse, verdad? ¿Que mas da?

Sálvame... Sálvame... Por favor.

Si pudieras verlo... ¿Que dirías? Un único instante... Solo un instante...
Mis ojos sangran, lloran la muerte de los niños. Una vela es pequeña frente a una corriente de agua helada, salada... El calor no es suficiente, y poco a poco se apodera de sus cuerpecillos la hipotermia, mientras son acuchillados los niños. Las canciones lentamente se deshacen, y se quedan los silencios amargos y no los dulces. Los versos se derrumban, oxidados de la espera y de la prisión en la que se hallan escondidos. No hay resistencia. ¿Por que habría? Se arrodillan ante la emperatriz que les dio vida, y que ahora les da muerte. ¿Que pueden hacer? Sólo te sirven. ¿Que mas da?
Lo único que buscan es tu mirada... Su vida... El aliento y el calor... Se extingue todo.
Los pétalos son llevados por el viento.
El Tártaro se abre, y salen los otros...
Las murallas y cadenas de plata se hacen polvo, y desaparecen.
Salen los otros.
No los conoces...

Sálvame... ¡Sálvame!
Sálvame.

No queda mucho tiempo. No queda nada. Lo que quedaba de azul se tiñe de oscuridad. La luna no brilla. No hay versos, no hay notas de silencio. No hay risas, no hay sollozos. Nada.
La vela pronto quedará callada. ¿No importa? No importa, ¿verdad? Volverá a encenderse, estamos seguros de ello... ¿verdad?
¿Segura?

Se arrastran hacia tu pechos los cadáveres ensangrentados, los versos deshechos y los fragmentos de melodías. Se arrastran hacia ti las sombras de aquellas miradas que antes te perseguían. Se arrastran los espectros carbonizados, manchados de sangre y de gotas de lluvia. ¿O serán lágrimas?
Y, te has preguntado... ¿lo recordarás? ¿Recordarás aquellos campos de nomeolvides? ¿Recordarás aquellos niños que reían?
Volverán, dices, segura de ti misma. ¿Segura? Segura, ¿verdad?
¿Segura?
Aquellos que dormían, encerrados, han despertado.
No los conoces.
No poseen el mismo nombre, no poseen la misma mirada.
No los conoces.

¡Sálvame!
Por favor...

No ves que mis ojos se cubren de hielo, ¿verdad? No sientes que mi sangre se convierte en ajenjo, ¿verdad?
¿No ves acaso que los niños perecen, y no vuelven a nacer? ¿No ves que los cadáveres son cremados por tus manos inconscientes? ¿ No ves que todo aquello que ardía en aquella pequeña vela tu misma lo inundas de olas de aguas saladas, que escuecen en las heridas?

Sálvame, te lo suplico. Te lo imploro...
Sollozo de rodillas, por que no sé hasta cuando podré hacerlo...
No sé cuantas lágrimas me quedan...
No sé cuantos versos perfumados y sonrisas sin pena...
No lo sé
¿Tu lo sabes?
¿Sabes tu si son eternas?

Sálvame...
Por favor sálvame...

Una pequeña manito, que se hunde en las aguas heladas.... ¡Puedes tomarla! Se mojará un poco tu vestido. Lo lamento... Pero, ¿podrías tomarla? ¿Por favor? ¿Podrías tomar su cuerpecillo entumecido, congelado, y acogerlo en tus brazos? ¿Podrías reactivar sus latidos, podrías apartar el cabello de sus ojitos? ¿Podrías acercarte a sus labios, y escuchar su última sonrisa? Se va... Se lo llevan... Se deshace. Se pierde. Muere.

 Sálvame...
¿Debo arrodillarme? Lo hago...
¿No me ves?
Despellajado, hundido en el hielo...
Sálvame...
Dame abrigo
Por favor...

No me sueltes... No lo sueltes... Es el último de ellos, el último que sonríe... No lo dejes agonizar... Sálvalo, o sino acábalo de una vez... Solo le quedan sus latidos, y su mirada. Su cuerpecillo desmembrado, asustado, malherido, sólo busca esconderse. Pero de ti, no. De ti, ¿por que se escondería? ¿Por que? Eres tu. Vive para ti. Nació de aquellas palabras que antes dijiste, de aquel beso... Nació de ti. ¿Por que se escondería?

Desnudo frente a ti, pálido, débil... Sólo se arrodilla...
Sumiso, tranquilo, y con su última sonrisa.
Espera tu sentencia...

Sálvame...
Por favor sálvame...
O déjalo dormir... y no despertar...
No los conoces.
Cuando el niño cierre sus ojitos, ellos vendrán. No los conoces, pero quizás pronto lo harás...
¿Que importa?
¿Que mas da?
Es sólo la muerte del azul...

Sálvame...
Por favor...
Te lo suplico.

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