Fiach Dubh

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miércoles, 20 de noviembre de 2013

Pensamiento nocturno I

Aquello que no entendimos
Fue el silencio entre cada palabra,
Y el mensaje de la lluvia...

Aquello que olvidé decirte,
Fue aquel nombre, que no me pertenecía,
Pero que hice mío, y llamé mío.

Quizás te lo susurré muy despacio,
Y el viento lo hizo opaco...
¿Pero cómo decírtelo?
Ni yo mismo lo conozco...
¿Quien podría saberlo?

Pero lo que no recuerdas,
Aquello que olvidaste,
Es que te ofrecí mi nombre...
¿No? ¿Cuando?
¿Me lo preguntas?
¿Recuerdas mis ojos perdiéndose
Fijos en los tuyos?
¿Lo recuerdas?
¿No?
Nunca lo supiste...

Te ofrecí mi alma,
Abierta como un libro;
Te ofrecí aquello
Que forje en lágrimas y sangre;
Te ofrecí una vida, y una muerte,
Y un silencio cantado...

¿Que más podía hacer?
No sé hacer otra cosa...
Es mi única voz,
Aquello que si poseo...
Es mi único lenguaje,
Que tallé en un verso,
Grabándola con cincel de plata
En este cuerpo prestado.
¿Que más podría hacer?
Nada me pertenece...

Te ofrecí mi alma,
Bañada en las últimas gotas
Que quedaban de mi sangre
Y de mi aliento...
Y las lágrimas que dejé caer
Cubiertas por anochecer
Y fragmentos herrumbrosos
De silencios que no dije;
Palabras que se quedaron atascadas,
En mi garganta,
Y que se hicieron insípidas;
Rostros y rosas
Esculpidas en un mármol oscuro
Con un fino pincel de cobre
Y un cuchillo de plata...
¿Que me quedaba?

El mensaje de la lluvia
Fue solamente un susurro...
Un único pensamiento
Que caía despacio;
El pétalo que florecía
Y se marchitaba en tu regazo...
Nada, ni una nota,
Sólo un susurro
En medio de aquellas gotas
Que bañaban tu frente
Y corrían por tus mejillas...
¿Quien lo supo?
¿Quien lo sabía?
¿Quien lo sabrá?

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