Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

miércoles, 27 de noviembre de 2013

No debiste...

No debiste dejar que mis lágrimas se secaran...
No debiste dejar que mis ojos se apagaran...

Podáis hacer tanto. Quizás sólo una palabra. ¿Que te costaba intentar?

El esfuerzo hubiera sido mucho, ¿verdad?

Agonizante, sus últimas palabras quedaron para ti.

Sabes lo que me susurró?

Me hubiera gustado que tu me salves...

Cerré sus ojos, y le di las buenas noches. Ahora reino yo. Este es mi cuerpo, y ahora yo lo poseo.

Atentamente,


El de los ojos vacíos

Sálvame

No te lo imaginas...
No puedes.
Nunca has podido...
¿verdad?

Sálvame.... Por favor...

No puedes sentirlo. O quizás no quieres. ¿Quien podría saberlo? El hierro que se hunde lentamente... Cristales helados que penetran la piel...
No puedes verlo, ¿verdad? Avanzan ellos, y el acero brilla en sus manos... Avanzan, sin para, sin dudar, con el brillo de tus ojos en sus pupilas oscuras.
La sangre corre.
Los niños azules no corren, los miran. Son muy tontos, ¿verdad? Patéticos. No se apartan del acero, por que ven tu bandera... No te temen, ¿te das cuenta? Son ciegos y sordos a sus propios gritos. Son ciegos y sordos, y no ven la sangre que mana de sus cuellos. Ridículo, ¿verdad?
Tus mensajeros llevan tus sellos. Los niños se inclinan. Sus cabezas ruedan por el pasto. Sus cuerpo desmembrados se pudren a la intemperie. Que patéticos, ¿verdad?

Sálvame... Por favor....

Nunca pudiste verlo..
Y no dijiste nada...
No dijiste nada, pese al susurro desangrando que agonizada a tus pies... No dijiste nada frente a la canción, escrita en las venas abiertas que sollozan... No dijiste nada... ¿No era necesario verdad?
Los campos de nomeolvides arden despacio... Pero siempre volverán a crecer, ¿verdad? ¿Que importa? Volverá la primavera, y volverán a nacer... ¿Que mas da que caigan algunos niños? Nacerán muchos más, y poblarán de nuevo el valle con sus alegres susurros... Que mas da.

La última mirada, ¿la recuerdas?
Uno, solo uno, que llegó a tu regazo. Acariciaste sus cabellos, mientras el acero se acercaba... El niño te susurraba, te cantaba, cantaba sobre tus labios y la suavidad de tu mirada... Poemas de versos azules, el niño te los entregaba. ¿Por que huir? ¿Por que huir de la dulce emperatriz? ¿Por que temerla? ¿Por que usar armadura frente a sus manos de sea? ¿Por que? El niño cantaba en su silencio, y la daga lentamente se acercaba...
Una última mirada... Y una última lágrima...
La sangre se puede lavar, ¿verdad? Tu vestido no se ha arruinado, así que ¿que importa? Lo lavarás en las lágrimas que quedaron acumuladas entre los tallos ennegrecidos y los pétalos marchitos. Los pequeños palacios que hicieron en tu nombre se derrumban. Los altares de plata, todo se derrumba. ¿Puede reconstruirse, verdad? ¿Que mas da?

Sálvame... Sálvame... Por favor.

Si pudieras verlo... ¿Que dirías? Un único instante... Solo un instante...
Mis ojos sangran, lloran la muerte de los niños. Una vela es pequeña frente a una corriente de agua helada, salada... El calor no es suficiente, y poco a poco se apodera de sus cuerpecillos la hipotermia, mientras son acuchillados los niños. Las canciones lentamente se deshacen, y se quedan los silencios amargos y no los dulces. Los versos se derrumban, oxidados de la espera y de la prisión en la que se hallan escondidos. No hay resistencia. ¿Por que habría? Se arrodillan ante la emperatriz que les dio vida, y que ahora les da muerte. ¿Que pueden hacer? Sólo te sirven. ¿Que mas da?
Lo único que buscan es tu mirada... Su vida... El aliento y el calor... Se extingue todo.
Los pétalos son llevados por el viento.
El Tártaro se abre, y salen los otros...
Las murallas y cadenas de plata se hacen polvo, y desaparecen.
Salen los otros.
No los conoces...

Sálvame... ¡Sálvame!
Sálvame.

No queda mucho tiempo. No queda nada. Lo que quedaba de azul se tiñe de oscuridad. La luna no brilla. No hay versos, no hay notas de silencio. No hay risas, no hay sollozos. Nada.
La vela pronto quedará callada. ¿No importa? No importa, ¿verdad? Volverá a encenderse, estamos seguros de ello... ¿verdad?
¿Segura?

Se arrastran hacia tu pechos los cadáveres ensangrentados, los versos deshechos y los fragmentos de melodías. Se arrastran hacia ti las sombras de aquellas miradas que antes te perseguían. Se arrastran los espectros carbonizados, manchados de sangre y de gotas de lluvia. ¿O serán lágrimas?
Y, te has preguntado... ¿lo recordarás? ¿Recordarás aquellos campos de nomeolvides? ¿Recordarás aquellos niños que reían?
Volverán, dices, segura de ti misma. ¿Segura? Segura, ¿verdad?
¿Segura?
Aquellos que dormían, encerrados, han despertado.
No los conoces.
No poseen el mismo nombre, no poseen la misma mirada.
No los conoces.

¡Sálvame!
Por favor...

No ves que mis ojos se cubren de hielo, ¿verdad? No sientes que mi sangre se convierte en ajenjo, ¿verdad?
¿No ves acaso que los niños perecen, y no vuelven a nacer? ¿No ves que los cadáveres son cremados por tus manos inconscientes? ¿ No ves que todo aquello que ardía en aquella pequeña vela tu misma lo inundas de olas de aguas saladas, que escuecen en las heridas?

Sálvame, te lo suplico. Te lo imploro...
Sollozo de rodillas, por que no sé hasta cuando podré hacerlo...
No sé cuantas lágrimas me quedan...
No sé cuantos versos perfumados y sonrisas sin pena...
No lo sé
¿Tu lo sabes?
¿Sabes tu si son eternas?

Sálvame...
Por favor sálvame...

Una pequeña manito, que se hunde en las aguas heladas.... ¡Puedes tomarla! Se mojará un poco tu vestido. Lo lamento... Pero, ¿podrías tomarla? ¿Por favor? ¿Podrías tomar su cuerpecillo entumecido, congelado, y acogerlo en tus brazos? ¿Podrías reactivar sus latidos, podrías apartar el cabello de sus ojitos? ¿Podrías acercarte a sus labios, y escuchar su última sonrisa? Se va... Se lo llevan... Se deshace. Se pierde. Muere.

 Sálvame...
¿Debo arrodillarme? Lo hago...
¿No me ves?
Despellajado, hundido en el hielo...
Sálvame...
Dame abrigo
Por favor...

No me sueltes... No lo sueltes... Es el último de ellos, el último que sonríe... No lo dejes agonizar... Sálvalo, o sino acábalo de una vez... Solo le quedan sus latidos, y su mirada. Su cuerpecillo desmembrado, asustado, malherido, sólo busca esconderse. Pero de ti, no. De ti, ¿por que se escondería? ¿Por que? Eres tu. Vive para ti. Nació de aquellas palabras que antes dijiste, de aquel beso... Nació de ti. ¿Por que se escondería?

Desnudo frente a ti, pálido, débil... Sólo se arrodilla...
Sumiso, tranquilo, y con su última sonrisa.
Espera tu sentencia...

Sálvame...
Por favor sálvame...
O déjalo dormir... y no despertar...
No los conoces.
Cuando el niño cierre sus ojitos, ellos vendrán. No los conoces, pero quizás pronto lo harás...
¿Que importa?
¿Que mas da?
Es sólo la muerte del azul...

Sálvame...
Por favor...
Te lo suplico.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Otra noche más de verdades

Si cavaran mi tumba en un desierto de hielo, quizás habrían mas sonrisas... Creo que si.
Es más, estoy casi seguro de ello.

Si hundieran mi cadáver en una prisión profunda, oscura, dónde el hedor de su putrefacción no alcanzaran a nadie... Y dejaran solamente un nomeolvides marchito sobre mi frente. Creo que sería suficiente. Quizás sería lo mejor, ¿verdad?

Callan. Dicen que el que calla , otorga. Creo que puedo hallar en vuestras miradas la respuesta.

Pero soy realmente egoísta, para que vean. Sé que lo saben, estoy seguro que lo saben. Vivo, respiro. Vivo, y camino. Cuan grande es mi egoísmo, ¿verdad? Lo sé.

Allá, bajo dunas de plata, dónde no quede nada... Sería lo mejor, ¿verdad?

Que el violín suene, y la flauta toque. No quedará nada más que un eco disperso, en la vasta planicie blanca. Y los trozos del vestido de la dama caerán despacio en aquel pozo oscuro, y descenderán a visitarme. Sólo ella puede sobrevivir a mi presencia. Solamente ella.

Medusa debió engendrarme, pero su don hubiera sido una bendición. Mi mirada no deja personas petrificadas. Mi mirada trae consigo un bosque de lamentos, un frío abismo de silencio y un infierno y purgatorio unidos. Un tormento, una tumba, un mausoleo derrumbado. Mi mirada lleva las plumas negras que me abrigan. 

Es lo que soy.

Ahora , encerradme. Encerradme en lo profundo de una tumba de hielo. Dejad caer avalanchas de huesos y sangre seca sobre mi cuerpo, Dejad mi nombre pudrirse lentamente, lejos de dónde pueda hacer daño. Dejadme allí, y marchaos lejos. Dejadme. Es necesario

viernes, 22 de noviembre de 2013

Pensamiento nocturno sin sentido

Siento aquella necesidad... ¿Puede llamarse así? No lo sé en verdad... Pero , déjenme llamarlo necesidad por ahora.

Siento aquella necesitad de quedarme despierto una noche más. ¿Cuantas voy? No lo sé. Las tazas de café son muchas, pero no son tan necesarias como parecen. ¿Por que? No sería mejor preguntar: ¿por que dormir? ¿Para que? ¿Con que fin o utilidad?

La simple biología no podría aplicarse a mi. No, no lo creo. No estoy atado a esas reglas que tantos mencionan en sus razones de dormir. Yo no. No las necesito ni las deseo.

Entonces, seguramente dirán que necesito descansar, quizás no físicamente, pero al menos psicológicamente o moralmente. ¿Verdad que lo dirán? No me importa, tampoco lo necesito.

Un pequeño azul me diría que debo de dormir para poder escapar por un momento a este plano gris al que me veo atado. Pero, no estoy atado. Es lo que no podrían ustedes entender... No, no lo pueden. Ustedes, seres humanos, creen que pueden entenderme.

Dicen que soy como ustedes... No, no lo soy. ¿Por que? Porque puedo no serlo... Porque puedo decidir. Y la realidad es un silencio para mi. Yo elegí otro camino, y lo hice mío. Solo mío.

Y ya lo sé, sé que me dirán loco, me dirán muchas cosas. Me dirán, me las han dicho, y me las dicen. Pero yo pude elegir mi nombre. Y, he hallado muchas cosas.

¿Por que no dormir? Por que ya no es necesidad. ¿Soñar? No necesito dormir para ello... En absoluto. ¿Por que limitarme sólo a aquel tiempo limitado? Hay veinticuatro horas en un día, y todas puedo teñirlas de azul y murmullos. ¿Para que gris? No lo necesito.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Pensamiento de plumas negras

Si tan sólo mis alas no fueran negras...
Y mis garras llevaran los restos putrefactos de cadáveres lejanos...
Cuervo, es mi nombre. Cuervo, soy yo.

Si extiendo mi mano, tiño de sangre
Las florecillas del campo...
Dónde piso caen al suelo
Las golondrinas y sus nidos,
Ruiseñores sin suspiros...
Todos callan.

Mi rostro cubierto de sombras,
Cicatrices de aquellos crímenes que cometí...
Y el peso de las ánimas que claman venganza sobre mi.

Mis alas son negras, oscuras como noche sin estrellas
Y dejan un halo de silencio roto y crujidos siniestros...
Adónde voy, me siguen ellos...
Aquellas voces sin silencio,
Aquellos rostros sin pasos,
Sin recuerdos...
Han olvidado aquello que fue un abrazo,
Y no recuerdan un beso...

Aquello que fui,
¿Dónde está?
¿Que hace que no viene?
¿Que hace, que sólo duerme?
No, no lo sé;
No lo recuerdo...
¿Podrías tu decírmelo?

Mi mirada está muerta,¿verdad?
¿Que decir? Soy el cuervo...
Mis alas se forman de lamentos
Y de la sal de las lágrimas del averno...
¿Que podría decirte?
¿Que podrías ver en un rostro como el mío?
¿El rostro de un condenado?
¿El rostro de un espíritu atormentado por las voces, que penetran su carne y poco a poco la despedazan?
Y los pedazos putrefactos ornan mi armadura
Y se ciñen en diadema..

Arrancarlas de mi cuerpo,
Deshojarlas...
Perderlas...
Sólo escapar de ellas, a las que estoy atado por fatídica naturaleza...
Que hacer... Que hacer... ¿Que hacer?
Conjurar a los ángeles y a los demonios,
A los espectros que yacen en el Tártaro
Y encadenarme en las puertas del Purgatorio
¿Que hacer?
¿Que podría hacer?
Conjurar a aquellas voces
Para que desgarren lo que queda de mi alma
Y destruyan la criatura que yace en mi?

No lo sé.


Pensamiento nocturno V

Sobre tu mesita de noche
Dejé, palpitantes,
Los fragmentos de un suspiro...
Y entre tus sábanas
Dejé mis lágrimas,
Y solamente seis versos
Que ya no recuerdo...

Sobre tu mesita de noche
Me apoyé un momento
Y observé tu rostro...
Dormía en silencio,
¿Que estarás soñando?
Tu sonrisa
Acurrucada en un cielo;
Calmaba mi infierno...

Sobre tu mesita de noche
Se quedaron mis párpados...
Mis ojos abiertos
No quieren soñar
Si no es a tu lado...
Y deshojo mis pestañas
Que se pierden en tu almohada...

Sobre tu mesita de noche
Se queda mi nombre;
¿Quien soy?
No puedo saberlo,
Ya no...
Aquello que yo fui
Se quedó en aquel momento...
¿Quien soy?
¿Solamente algún recuerdo?


miércoles, 20 de noviembre de 2013

¿Podrías olvidarlo?

Aquello que no dije,
¿Podrías recordarlo?
Aquello que te dije,
¿Podrías olvidarlo?

Aquel verso deshilachado,
Revestido de muertes
Y cadáveres sin llanto...
¿Podrías olvidarlo?

Una melodía sublime,
Y una paloma de papel,
Un rosa sin espinas,
Y palacio de miel;
¿Podrías recordarlo?

Aquel rostro destrozado,
Y una máscara de hierro;
Aquella nota de cristal
Y alboroto de hierro;
¿Podrías olvidarlo?

Y una ventana, la luz del día,
Y una canción sin susurros,
Un momento sin apuros
Y una copa sin esencia
¿Podrías recordarlo?

Las últimas palabras,
Y los suspiros sin sentido;
Los paisajes sin verdor
Y las noches sin frío;
Los rostros deshabitados
Y los muertos que cantan;
Los versos desnucados
Y la torpeza que danza;
Un nombre sin sentido,
Un mundo sin ocaso;
Un rostro compungido
Y un cielo de retazos;
¿Podrías olvidarlo?

Te escribí en un solo trazo

Te escribí en un solo trazo
Un verso,
Y un sueño.
Te escribí sobre aquel muerto
Que no despierta,
Que yace en el olvido...
Te escribí de aquel miedo
Que muerde mis labios
Y posee mi lecho...

Te escribí en un solo trazo
Un poema sin versos
Y un cielo acabado...
Sin un coro angelical,
Con niebla,
Y enredados en silencio
Prisioneros de tu mano...

Te escribí en un solo trazo
Una súplica,
Un armisticio lejano
Y un sollozo ahogado...
Sólo uno,
Uno que pueda conmoverte,
Uno que pueda merecerte...

Te escribí en un solo trazo...
El sueño no ha acabado.

Pensamiento nocturno IV

Mi mano quedaba,
Aun se agitaba...
La corriente no era fuerte...

El susurro se ahogaba,
Y el agua no callaba,
Pero mi mirada...
Mi mirada te buscaba
¿Dónde estabas?

Mi mano se agitaba,
Y la corriente callaba,
¿Dónde estabas?
Recuerdo las rocas
Que se hundían en mi cuerpo;
Recuerdo la sangre
Que manaba de mi pecho...
¿Dónde estabas?

Mi mano se agitaba,
Aun se agitaba...
Aferrada a una rama,
Aferrada a una roca
Que la corriente deshacía.
La grava se hundía
Profundamente en mi mirada...
Pero aun te buscaba.
¿Lo recuerdas?
¿Dónde estabas?

Si recordaste...

Si recuerdas el silencio,
Si recuerdas un abrazo...
Si recuerdas aquello
Que dejaste en pedazos;
¿Que puedo decir?

¿Que puedo decir?
Si no hallaste el susurro
Que deje sobre tu pecho;
Si no hallaste los pétalos
Que esparcí sobre tu lecho;
Y dejaste caer la vela
Consumiendo el incienso...

Recordaste aquel rostro,
Recordaste una mirada...
Pero la dejaste en el suelo,
A la intemperie;
Bajo la lluvia del verano
Y el sol que quema,
Bajo la Luna y su encanto,
Y las larvas de hiedra...
¿Por que?

Si recordaste aquello,
Si tomaste mi silencio
Y sabías que estaba allí...
¿Por que?
¿Por que olvidaste un verso?
¿Por que dejaste mi pecho?
¿Por que tuviste miedo
De habitar en aquel sueño?

Si recordaste todo ello,
Si recordaste mi rostro
Y mi silencio,
Si recordaste
Acurrucada en mi cielo
Todos aquellos fragmentos...
¿Por que?
¿Por que dejaste que partieran?
¿Por que abriste aquella puerta?
El viento que sopla,
La Luna que llama...
¿Por que?
¿Por que tuviste miedo?

Pensamiento nocturno III

Si pudiera tomar tu mano
Y evitarte un suspiro...
Tomar tus labios
Y bañarlos en silencio;
Besar aquellas notas
Que adornan tu cuerpo...

Que nazca un sollozo,
Y se pierda en mi pecho...
Recostados entre las flores
Y tu mano
Recorriendo mis lágrimas
En una única caricia...

Un suspiro prisionero
De un Tártaro sin lazos
Y una tumba hecha pedazos;
Un cielo en un mausoleo
De rosas acumuladas
Y lágrimas emboscadas...
Cadáveres,
Versos putrefactos
Desangrándose en la nieve...
Y el verano se hace uno,
Y la Luna se esconde..

Versos que se olvidan,
Cadáveres,
Rostros petrificados
En métrica insípida...
Sus brazos extendidos,
Sus dedos desgarrados,
Señalándote.
¿Por que?
Tu no los llamaste...

Voces que te buscan,
¿Te habrán encontrado?
¿Quien sabe?
Recostada entre las flores,
Un campo de nomeolvides
Y de rosas carniceras...
Tu rostro enmarcado
Por un verso entretejido
De lágrimas deshabitadas
Y sollozos recortados;
Una tiara de mis silencios
Acomodados en desorden
Con apariencia de unidad;
Y un suspiro en el diadema,
Condenado a no olvidarte...

Pensamiento nocturno II

Te recuerdo acurrucada,
Respirando en mi pecho...

Y un rostros que se ha ido,
Pero que nunca fue perdido...
Una mirada sin olvido...

¿Puedes recordarme,
Para saber que estás aquí?
¿Puedes susurrarme,
O tomar mi mano?
¿Puedes cantarme al oído
Mencionado mi nombre?

Te recuerdo callada,
Te recuerdo mirando la cenizas
Que quedaban en la alfombra...
Te recuerdo sin recuerdos,
Únicamente del silencio
Y de aquello que perdí...

¿Puedes tomar aquellas tijeras,
Y cortar mis ataduras?
¿Puedes cortar un mechón de tu cabello,
Y dejarlo caer,
Como brisa entre mis brazos?

Te recuerdo, acostada sin silencio,
Y me dejaste encadenado,
Atado en un copa rota...
Mis labios sellados,
Mis latidos apagados,
Y una mirada que ya no ve...

¿Puedes dejarme tu aliento
Reposando en mi cuello?
¿Puedes dejar caer
Una lágrima en mi féretro?

Recuerdo que pensé,
Aferrado a una canción,
Que sabría aquello...
Que sabría que no te has ido,
Y no has sellado los silencios...
Y temo,
Deshabitado en dos cielos,
Y en dos infiernos sin sueño...

¿Puedes acostarte
En el lecho ensangrentado?
¿Puedes besar mi cuello
Y tomar aquel veneno?
¿Puedes tomar mi mano,
Y evitar que huya mi verso?

Todo aquello que ha perdido,
Todo aquello no olvidado;
Retenido entre dos cielos,
Prisionero de dos infiernos...
En cadenas sin hierro,
De hiedra y de cielo...
Y en nubes de escarcha,
Nubes de rosas rojas,
Que caen sobre un cambo de nomeolvides...
Penetran los tallos,
Absorben la esencia
Y beben la sangre...

¿Vendrás de nuevo,
Bajo la luz de la luna?
¿Dejarás tus manos jugar
En las heridas abiertas?
¿Dejarás mi cielo de tristeza,
Y tomarás mi mano?
¿Lo harías?

Retendría sólo un beso,
Y una mirada sin heridas..
Acostada en el lecho
De mi sangre y mi verso;
Así quiero recordarte...
¿Verdad?

Nunca lo supe,
Nunca sabré
Que sigues en mi cuerpo
Y en mi silencio...
¿Como podría?
¿Puedes tu hacerlo?
¿Puedes marcarme
Con el hierro en mi pecho?
¿Puedes engarzar
Tu nombre en mi cuerpo?
¿Podrías?

Acurrucada en silencio,
Sin tomar mi mano...
Ahuyentaste mis besos,
Y dejaste partir a mis versos...
¿Que queda?





Momento tan roto

Fue un momento tan roto
Que un suspiro podía colarse
Entre fragmentos de porcelana
Y miradas ahogadas...

Un silencio decidió huir,
Alzar vuelo en una mirada;
Y una lágrima quedó atrapada,
Sola y desesperada;
Sólo una pequeña lágrima,
¿No es gran cosa, verdad?
Prisionera en el hielo
Y en un mar de ajenjo,
Sollozando...

Podía sentir los fragmentos
Pasar por mis mejillas
Y caer...
Dejando surcos de sonrisas
Y palabras contenidas...
No le quedaba mucho,
¿Sólo fue un momento?

La agonía de una lágrima
Que se pierde en la sal
Y la arena...
La agonía que se deshila
Y se divide en silencios cargados.
Caen máscaras y caen rostros,
Y se mezclan en un sin fin de llaves
Que no acceden a ninguna puerta...

Los fragmentos que caen,
Y los cristales rotos,
Forman un tapiz
Que cae por la escalera
Y se hunde en la oscuridad.
Y caminas descalza, buscando aquel brillo,
Aquella perla que fue,
Y que ahora se ha perdido...
¿Quien lo sabría decir?

¿Solamente un momento?
¿Solamente un silencio?
Una aglomeración de gritos
De sollozos y suspiros,
Que huían sin decir adiós,
Buscando escapar...
¿Solamente un resquicio?
Se abren las puertas,
Por que yacen rotas...
¿Que les queda?

Y las ánimas que se encargan
En sombras y tumbas,
Y en los sollozos que se quedan...
Pero una lágrima sigue oculta,
Prisionera y esquiva,
Torturada,
Mancillada...
Su cuerpo fragmentado,
Ensangrentado,
Bañado de plata...

Fue un momento tan roto,
Que los suspiros escaparon,
Y los versos no callaron...
Ebrios de sonrisas ,
Y de la sangre del cristal,
Versos que no callan,
Versos que no hablan...
Pero penetraron su mirada
Y no hallaron el silencio...

Fue un momento tan roto,
Que los versos se perdieron
Y una lágrima torturada,
Desalmada,
Ebria de su propia sangre,
Y de un silencio utópico
Dejó caer su cuerpo putrefacto,
Gangrenado y oculto,
A una tumba de hierro...

Sólo fue un momento,
Nada más...
Un momento hecho pedazos,
Un silencio de retratos,
Y el préstamo de mi alma
Al silencio y al callado...


Pensamiento nocturno I

Aquello que no entendimos
Fue el silencio entre cada palabra,
Y el mensaje de la lluvia...

Aquello que olvidé decirte,
Fue aquel nombre, que no me pertenecía,
Pero que hice mío, y llamé mío.

Quizás te lo susurré muy despacio,
Y el viento lo hizo opaco...
¿Pero cómo decírtelo?
Ni yo mismo lo conozco...
¿Quien podría saberlo?

Pero lo que no recuerdas,
Aquello que olvidaste,
Es que te ofrecí mi nombre...
¿No? ¿Cuando?
¿Me lo preguntas?
¿Recuerdas mis ojos perdiéndose
Fijos en los tuyos?
¿Lo recuerdas?
¿No?
Nunca lo supiste...

Te ofrecí mi alma,
Abierta como un libro;
Te ofrecí aquello
Que forje en lágrimas y sangre;
Te ofrecí una vida, y una muerte,
Y un silencio cantado...

¿Que más podía hacer?
No sé hacer otra cosa...
Es mi única voz,
Aquello que si poseo...
Es mi único lenguaje,
Que tallé en un verso,
Grabándola con cincel de plata
En este cuerpo prestado.
¿Que más podría hacer?
Nada me pertenece...

Te ofrecí mi alma,
Bañada en las últimas gotas
Que quedaban de mi sangre
Y de mi aliento...
Y las lágrimas que dejé caer
Cubiertas por anochecer
Y fragmentos herrumbrosos
De silencios que no dije;
Palabras que se quedaron atascadas,
En mi garganta,
Y que se hicieron insípidas;
Rostros y rosas
Esculpidas en un mármol oscuro
Con un fino pincel de cobre
Y un cuchillo de plata...
¿Que me quedaba?

El mensaje de la lluvia
Fue solamente un susurro...
Un único pensamiento
Que caía despacio;
El pétalo que florecía
Y se marchitaba en tu regazo...
Nada, ni una nota,
Sólo un susurro
En medio de aquellas gotas
Que bañaban tu frente
Y corrían por tus mejillas...
¿Quien lo supo?
¿Quien lo sabía?
¿Quien lo sabrá?

martes, 19 de noviembre de 2013

Pequeña voz

Una pequeña voz...
¿Cómo describirla?
No lo sé...
A veces soy tan humano, y las palabras son únicamente instrumentos toscos...

Pero, quiero intentarlo;
Una mera efigie de aquello,
De aquel escalofrío que me toma lentamente...
Mis manos tiemblan,
Mis párpados pugnan desesperados, buscando cerrarse y abrirse al mismo tiempo....
¿Que puedo decirles?
Les susurro que callen...
Callen todos.
Que calle el viento,
Que callen las hojas en lenta caída,
Que callen los cristales rotos y sus crujidos...
Que callen todos.

Pequeña voz,
Profunda, llena de poder...
Y las lágrimas buscan el camino de mis mejillas,
Y surcan despacio por el viento...
Naufrago del silencio, naufrago de un anhelo roto;
Pero aquella pequeña voz...
¿Que podía decir?
¿Cómo explicártelo?
Susurras mi nombre, aunque no lo conoces,
O es lo que busca hacerme creer mis pensamientos en delirio...
No importa, ¿verdad?
¿Cómo explicártelo?
¿Decirte que la suave brisa que das cae lentamente entre el bosque desteñido que me rodea?
¿Decirte que me suplico a mi mismo un verso que pueda servirte de pisa papel?
¿Decirte que un susurro se oye y no se calla, que una canción se rompe y se canta, y que un universo no nace pero perece y renace y se hunde en un conflicto sin final, y gira prisionero dentro de un agujero gris que busca algo sin perder?
¿Decirte que?
Nada.
No hay palabras, ni versos.
Ni lágrimas.
¿Que hay? Nada.

Pequeña voz. Susurro del viento, de aquella canción que escuche cuando abrí mis ojos. Aun la recuerdo.
Susurro del viento, que me cuenta aquello que fue. Susurro de aquellos campos de nomeolvides que tanta falta me hacen, Susurro que clama por mi hogar.

Pequeña voz...


lunes, 18 de noviembre de 2013

Oh Erzsébet

Y las horas siguen corriendo.
Su mano aun se agita.
Parpadea despacio, cada vez mas despacio...

Y las criptas se abren,
Salen ataviados de recuerdos harapientos... Hechos pedazos por la herrumbre del tiempo...
¿Que queda sobre sus cuerpos desnudos, mancillados por el tiempo y la cordura que se va?
¿Que queda en los cuencos oscuros dónde sus ojos reposaban?

Sus manos frías...
Las uñas rotas, que despedazaron la madera astilla a astillas, recorren su piel.
Dejan surcos de podredumbre y sangre reseca, de tierra húmeda y astillas muertas....
Son tan cálidas, ¿verdad?

Te levantan despacio, casi con dulzura... Y sientes aquellas miradas de lujuria.
Sientes el fuego que arde, pero no ves ninguna llama, ni si quiera una chispa; sólo hay oscuridad, y el perfume agridulce del vino derramado hace mucho, que ahora no podría beberse.
No puedes abrir los ojos. Lo deseas. Pero no quieres, ¿verdad?

Sientes labios rozando los tuyos... Y en cada roce dejan trozos de tierra y madera... O de carne ... ¿Quien sabe? Aquellas substancias han estado unidas tanto tiempo... El perfume es uno solo, perfume que te embriaga y te produce también arcadas... Lo deseas, ¿verdad?

Oh Erzsébet, las dejaste desgarradas... Tu furia se siente... Cuerpos que rodean, danzan, clamando tu nombre. Tu belleza fue tu recompensa... ¿Y la de ellas?

Recorren su piel, muy despacio. Agujeros oscuros, de dónde manan los ríos de sangre mancillada, deshonrada... Y corren en un río irrefrenable, que desciende de sus cuerpos y baña el suyo. Siento el calor, y el frío sofocante...

Las doncellas de hierro esperan, calladas y silenciosas. Esperan a sus huéspedes, que no las desean. Pero yacen allí, ¿que pueden hacer?

Lo llevan  a aquel lecho de hierro, aquel lecho de plumas....Una tras otra, todas clamando en un coro celeste que ha perdido sinfonía. ¿Que les queda? Aquellas voces sin sentido, voces que ya no se complementan con latidos, voces que se ahogan sin suspiros... Gargantas abiertas, pechos desmembrados, Carnes, trozos de carne que caen despacio, se acumulan en el suelo. Cada embestida deshace, deshila, y la carne cae hecha pedazos, fermentada por el vino putrefacto y oscuro.

Claman, claman, y no dejan de clamar, aún entre gemidos. Y sus cuerpos se deshacen. No soportan ningún ritmo, ya no poseen ningún sonido, sólo ecos vacíos que ya se apagan. ¿Que les queda? ¿Que podrían hacer?

Erzsébet, abre tu puerta, y deja que la luz de la luna entre por tus ventanales.

Su cuerpo tiembla. Está manchado. Siente como corren los ríos de esencia, y caen despacio en aquel suelo profano. Y los rostros que quedan, aquellos rostros deformes, beben despacio, buscando recuperar lo que les fue arrebatado.

Derriba los muros, rompe los sellos. La condesa no gusta de esperar en silencio. ¿La oyes? La oyes. ¿Sientes aquella respiración agitada y felina? ¿Sientes el crujido de sus uñas sobre el suelo? ¿Sientes como abren surcos con cada paso que ella da?
La oyes...
 Todo está oscuro.
Pero escuchas aquellos latidos, ¿verdad? Claro que los escuchas. Poco a poco, acercándose. Tus pies ya estaban secos, ahora están empapados. Todo está bañado en sustancia, en esencia. La condesa no gusta de esperar. ¡Apresúrate!

No hay velas, ni hay cristales. Todo está oscuro. Pero sientes aquello. Ella espera. El lecho deshecho, las mantas por los suelos. Ella espera.

Sus uñas desgarran, ¿verdad? Azotes repetidos, tu espalda poco a poco se hace pulpa y esencia. Tus boca se retuerce, y busca esconderse. La sangre las cubre. Y su perfume, el perfume de las horas en aquel baño de esencia... Su perfume penetra tu vista, tu olfato, todos tus sentidos. Sientes el perfume. ¿Escuchas la melodía? ¿Aquella agridulce melodía que desprenden sus labios? Claro que la sientes.

Tu cuerpo ya no existe, no te queda nada. El lecho, la doncella de hierro. Un lecho muy cómodo para la condesa, ¿verdad?

Tu cuerpo, ella se empapa en tu cuerpo.... Lo siente, lo vive. Tu cuerpo, su cuerpo. Su hambre nunca ha sido atada.

Recuerdas las voces. ¿No te lo contaron? ¿No te ofrecieron el eco de notas de terror y dolor? ¿No te dejaron conocer la oscuridad de aquel perfume?
Ahora, ¿recuerdas aquella túnica blanca desgarrada? He allí tu sudario. Tu esencia ella la bebe, muy despacio. Cae por sus mejillas, resbala por su cuello, empapa su pecho y tiñe sus pezones. Desciende por su vientre, y cubre su oscuridad. Y desaparece.
Ella yace embriagada, callada, y sólo su respiración agitada queda en la habitación. Y su perfume, aquella indescriptible melodía, aquella cadencia y latido, que resuenan en las paredes aromáticas. Aquel aroma de sangre y carne.
La doncella de hierro el lecho. Las mantas, pieles deshechas, que lentamente se deshilachan. El vino que corre, la sangre de antaño que ahora debería estar reseca... Pero se mezcla con la tuya, y se refuerza el vino. Y el latido continúa.

Recuerda el perfume. Cierra tus ojos. Déjale tu esencia. Duerme


viernes, 15 de noviembre de 2013

Recuerdo el susurro

Palabras,
Viajeras perdidas,
Frágiles,
Oscuras,
Calladas,
Quizás silenciosas...
¿Quien sabe?

Escribo,
Y no callo...
No puedo.
¿Y como entenderlo?
Palabras...
Sencillas...
No poseo tu voz.
Graznidos,
Graznidos...
¿Que me queda?
Palabras,
Escritas con sangre,
Húmedas
De notas vacías,
Sin color...
No puedo.

Y lo sé, debo callar;
No puedo.
El susurro de la Luna,
Que vela en silencio...
Hada acurrucada,
Dormida;
Camino perdido,
Perfume de selas,...
Un atardecer lejano,
Promesas de eternidad,
Rotas...
Sabor de una despedida...

Un susurro,
Un mundo de nombres,
Ocultos, complejos...
Luna llena;
Caminos abiertos,
Y ninguna rosa...
Sólo selas.
¿Lo mejor? Callar...
No puedo.
Ya no.
Recuerdo el susurro,
Las notas de un piano;
Y su voz...
Tan viva...
No puedo.

Recuerdo el susurro,
Las estrellas de cristal,
Recuerdo la claridad...
No puedo olvidarlo...
Un sueño,
Un recuerdo...
Una vida,
Una voz...
Un silencio.
Y la Luna llena,
No muestra el camino...
Recuerdo el susurro,
Vive,
Yo muero.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Algún nombre perdido

¿Que se siente?
Poco a poco
Se pierde...
Aquello, un recuerdo;
Un silencio que camina...
Sus afilados colmillos
Penetran la carne,
Desgarran el alma...
¿Que se siente?

Un sueño, palabras
Las hojas caídas,
Y los susurros del viento...
¿Que hacer?
Aquellas lápidas,
Un camino de amapolas
Y lirios...
Chamuscados.
Y no queda mucho...
El viento se lleva,
Y no queda nada.

¿Que se siente?
Las lágrimas secuestradas,
Encerradas,
Encadenadas al viento,
Y a la lluvia...
Los suspiros...
Poseídos por la sangre,
Agotados...
¿Que se siente?
Una voz que palidece,
Y los pétalos que caen,
Sobre párpados cerrados.

¿Que se siente?
Graciosa pregunta.

El verano languidece,
Y agoniza la inocencia;
La pureza...
Sus ojos... ¡Sus ojos!
Agujeros,
Abismos de sangre,
Puertas del Tártaro...
¿Los recuerdas?
¿Recuerdas que fueron?
No más.
Ya no existen...
Arde la esencia corrupta,
Un rostro desfigurado,
Labios desgarrados...
¿Lo recuerdas?
Ya no es.
Ya no queda.
Mira sin mirar,
Mira sin hablar,
¿Que le queda?

¿Recuerdas su nombre?
Ya no es.
Ahora olvidado,
Putrefacto;
Enterrado en las ciénagas.
¿Recuerdas su nombre?
Y nunca fue suficiente.
Ahora, perdido...
Perdida la esencia,
La mirada;
Perdido el murmullo...
¿Que le queda?
¿Lo recuerdas?
Se pierde el olvido,
Cuando es necesario.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Perfume de las selas (A la Dama de Lothlórien)

Cruzar un océano...
Llevar un mensaje, sobre la espuma marina;
O hundirse en el intento...
¿Que importa?

Recuerdo claramente, 
Lo recuerdo...
El instante precios...
Un lapsus, un momento ahogado;
Un verso que se quedó corto...
Pero era perfecto.

Recuerdo
Que lentamente se hundía, 
Y me aferraba a los pecios,
Me aferraba...
Mis manos no hallaban nada...
Sólo sal, sólo sangre...
Nada.

Un destello de un amanecer
Y un aroma de nomeolvides,
Y un atisbo del perfume de las selas...
Perfume delicado...
Suave,
Tranquilo...
Las enredaderas conducen
Al corazón del silencio
Dónde yace aquella nota
Que despertó...
La siento en mi pecho...
Vive, y muere;
Bajo el silencio,
Y el viento que corre entre las hojas...
Y danzan las estrellas.

El amanecer de un silencio,
El amanecer bajo un cielo sin sombras,
Y la canción que la Luna tararea...
¿Me susurras sus palabras?
Tu las conoces...
Y te ofrezco mi nombre...
Sólo ello...

El amanecer de un cielo azul,
Y de la voz de Felurian...
Tu posees la Luna,
Tu posees mi nombre...
Te escucho...
Recuerdo el perfume
Que dejaban aquellas notas,
La suavidad, la tranquilidad,
La fuerza...
La magia...
Te ofrezco mi nombre.

Recuerdo el perfume de las selas...
Tu lo conoces,
¿Verdad?
Recuerdo aquella nota
Encerrada en una prisión
De espuma y agua...
Y las cadenas son de hierro y sal,
Y se hunden en mis muñecas...
Extiendo mi mano,
Es lo único que puedo,
Y envío en un susurro mi nombre..
Es lo que me queda.
Sólo eso.







miércoles, 6 de noviembre de 2013

Un pequeño pensamiento sobre el canto

Cantar...
Es realmente un poder, una virtud, un deseo, un sueño... ¿Que es? Es ello y mucho más.

¿Que se siente al cantar?
¿Puede describirse? Lo dudo mucho.
Cada canción tiene una voz diferente, una idea, un sentimiento, una emoción, una sensación. Puede sentirse como una experiencia mística, que va mas allá de algo humano. Puede sentirse como una explosión sensorial, en una supernova escarlata, azulada, de colores conocidos y no conocidos, nombrados y no nombrados.
Cada cantante siente aquella experiencia de manera distinta, siente y percibe la música a través de su vida, sus emociones, su silencio, su cosmovisión, lo que hace realmente difícil describir en su totalidad el efecto que puede tener el canto sobre nosotros.

Cantar es una vida, es una muerte, es una separación y una unión.
Cantar es tomar silencios y hacerlos notas, y retomar aquello que la Dama sin Velo nos ha dejado.
Cantar es dejar que fluyan cosmovisiones y se unan en un universo sin límites, y se conozcan cielos, purgatorios e infiernos.
Cantar es caminar por los jardines Elíseos, y por los círculos del Hades.
Cantar es dejar fluir un río de voces que habitan dentro de nosotros, y escoger a la adecuada para que entone notas y las haga suyas.
Cantar es libertad.
Cantar es vida.
Cantar es muerte.
Cantar es nuestro rostro verdadero, nuestro nombre oculto...
Cantar es la máscara, el disfraz y el ajenjo
Cantar...
¿Como describirlo?

lunes, 4 de noviembre de 2013

Escuchando We will go home

"Land of bear and land of eagle 
Land that gave us birth and blessing 
Land that called us ever homewards 
We will go home across the mountains 
We will go home, we will go home 
We will go home across the mountains 
We will go home, we will go home 
We will go home across the mountains 

Land of freedom land of heroes 
Land that gave us hope and memories 
Hear our singing hear our longing 
We will go home across the mountains 
We will go home, we will go home 
We will go home across the mountains 
We will go home, we will go home 
We will go home across the mountains 

Land of sun and land of moonlight 
Land that gave us joy and sorrow 
Land that gave us love and laughter 
We will go home across the mountains"

Una canción realmente hermosa. La escuché por primera vez en la película El rey Arturo, película que salió el 2004, del director Antoine Fuqua. Para explicar un poco el contexto de esta canción, debemos decir que la película nos presenta a Arturo como centurión romano, encargado de una guarnición de caballeros sármatas. Estos guerreros fueron sometidos por el Imperio Romano y estaban obligado a pelear por un tiempo por Roma. Esta canción es cantada por la esposa de uno de los caballeros. Es una canción que les trae recuerdos de aquel hogar del que son arrebatados desde niños para pelear las batallas del Imperio. Una canción llena de nostalgia, que nos habla de aquella tierra lejana de héroes, de libertad, de memorias y recuerdos, de felicidad y dolor, de risas y llanto... Iremos a casa, por sobre las montañas.

¿Por que decidí escribir sobre esta canción? Creo que muchos sabemos lo que se siente cuando una canción te marca lo suficiente como para que sientas que fue hecha para ti. Al comienzo no lo sentía así, pero ahora especialmente me dí cuenta de ello. ¿Por qué? Un peruano residente en Lima, la capital, que siempre ha vivido allí y que ha viajado por periodos relativamente cortos... ¿Por que está canción se grabaría de una forma tan fuerte dentro de mi? No estoy lejos del hogar, de casa...

Escribir estas líneas se siente realmente extraño. La respuesta que daré es parte intima de mi cosmovisión, y de mi locura personal, por no hallar otras palabras adecuadas. Debo de decir que desde pequeño me inicié en la lectura de mitos, en el estudio de diferentes y diversas mitologías. Siempre me agrado. Creo que mi búsqueda siempre tuvo un propósito: hallar que en el mundo hay algo más que la realidad. Desde pequeño sentía una atracción enorme hacia la magia, hacia lo desconocido.
Creo que eso fue lo que originó la pasión que siento hacia la literatura de alta fantasía. Leer por primera vez La historia interminable, de Michael Ende, fue una experiencia de iniciación casi mística en mi vida. Descubrir a Tolkien fue un momento de trance de carácter casi religioso. Es algo con lo que crecí, viviendo batallas y combates lejanos, viviendo en otro cuerpo del cuál nadie osaría reírse. Mis manos decían usar la espada, y pretendía poseer los poderes de aquellos que leí. Podía ser tantos, y no ser yo. Era realmente aquello que me consolaba de vivir en un mundo tan rematadamente gris (sé que quejarme debe ser ridículo, teniendo en cuenta que muchas personas viven en peores condiciones y no debería quejarme, pero trato de ser sincero en estas líneas).

Bueno, el punto, para no divagar contándoles mi aburrida existencia, es que está canción , al escucharla años después, me hizo definir aquella sensación que me atormenta desde ya hace buen tiempo: la no pertenencia. Es como si fuera extranjero. Os reiréis seguramente, y diréis que estoy desvariando, pero para mi es algo cotidiano.... Ser extranjero en un mundo gris.... Sentir que debía haber nacido de tinta y papel, y no de carne y hueso.... Sentir que hubiera sido mejor pelear en una batalla sin fin, y caer abatido por las flechas de los orcos, a hundirse en el cotidiano gris que nos rodea. Lo sé, estoy loco, pero es lo que me hace sentir está canción. Me hace añorar aquel lugar que llamo mi hogar, Fantasía, Morfia, la Tierra Media, Narnia... Tiene tantos nombres, los nombres de mi hogar, del lugar adónde pertenezco, y al cuál realmente deseo volver... Sería hermoso correr por los campos de nomeolvides, y dejarme caer entre los pétalos azules... Dejar que mi voz salga, una verdadera voz y no el graznido que aquí me pertenece...

Está canción me da ganas de volver a mi hogar. A mi verdadero hogar. Llamadme loco, llamadme desquiciado, llamadme lunático, llamadme niño... Lo soy. Lo admito. Pero volveré a mi hogar.


sábado, 2 de noviembre de 2013

Dejaré que el viento se lleve las palabras...
Dejaré que se reduzcan en fragmentos de una ventana rota,
Dejaré que la puerta se cierre.
No es nada.

Dejaré que las lágrimas se solidifiquen
En cristales afilados,
Y se hundan en mi pecho...
Siento como palpitan,
Buscando incansables...
¿Que mas da?

Dejaré que mis ojos se cierren,
Espero que ya no se abran...
¿Mejor así?
Mejor así, ¿verdad?
Si...


Veintisiete rosas sobre tu piel blanca

Aquella rosa resaltaba sobre su vestido blanco.

Sus labios siempre están rojos.

Recuerdo la primera vez que la vi. No podía apartar mis ojos de sus labios...
Recuerdo que los seguía. Mis ojos los buscaban. Llevaba un vestido negro. O estaba vestida de negro...
Recuerdo su manera de caminar, la manera en la que posaba delicadamente un pie tras otro, con una elegancia casi natural. Pero, pese a ser elegante, había algo en ese caminar, un toque salvaje y oscuro, que resultaba sencillamente aterrador y fascinante. Como si fuera el andar de un felino, de una pantera de negro pelaje, que se acerca lentamente a su presa...
Recuerdo sus ojos, que penetraban despacio dentro de mi cuerpo, y poco a poco sentía el sabor azucarado que me embriagaba. Recuerdo que no podía sostener su mirada. Era como adentrarse en las profundidades de un infierno, y sentir el fuego rozando tu piel, subiendo lentamente por tu cuerpo, y poco a poco consumiendo el envoltorio de carne que soy. Tenía que huir de aquellas pupilas, que ardían llenas de misterios y verdades, llenas de sangre y oscuridad, llenas de voces angelicales.

Recuerdo que la seguí hasta un pequeño restaurante, situado en una esquina.
Recuerdo haberme sentado en una mesita, detrás de ella, y recuerdo haber pedido una botellas de vino. Recuerdo que ella pidió un cheesecake de fresa, y un vaso de agua. Primero dio un largo sorbo al vaso, y escucho perfectamente el agua caer lentamente en su traquea. Recuerdo que cuando dejó el vaso sobre la mesa de madera oscura, los gotas de agua que quedaron en sus labios relucían como el rocío de la mañana. Eran telarañas de cristal. Una de ellas cayó lentamente por su mentón, y siguió el camino blanco de su cuello. Un tímido riachuelo, que se perdió en la oscuridad de un valle oculto. Recuerdo que su lengua recorrió despacio los labios, buscando las gotas extraviadas, y tomándolas a la fuerza.
Recuerdo que tomó la cuchara, despacio, sin apresurarse. Corto un pedazo de crema, y lentamente lo llevo a su boca. ¿Alguna vez han visto la sangre, brillante, dejar un rastro sobre la nieve?
Recuerdo que luego mordió una fresa, y el almíbar brillaba en sus labios, como una capa de labial. No era necesario, sus labios escarlatas brillaban bajo la pálida luz de un verano moribundo.
Recuerdo el sonido de sus dientes al tomar despacio un trozo de la galleta. Lo hizo tan despacio. Tan delicadamente.

Recuerdo sus ojos, que estaban perdidos, buscando algún rostro familiar quizás... Recuerdo que se movían despacio, y no estaban quietos. No se demoraban ni cinco minutos en pasar de un lugar a otro.

Recuerdo que solo se llevo la cuchara a la boca siete veces. Y dejó que se escapen de sus labios sietes suspiros. Bebió a pequeños sorbos el agua que le quedaba, y dejo un billete arrugado al lado de la servilleta. La blanca tela atestiguaba que ella estuvo allí, con un sello de rojo almíbar con la forma delicada de sus labios.

Recuerdo que se paró, y que tomó su bolso. Y comenzó a caminar.


Sus labios son tan suaves. Siento el sabor a fresas, a dulce, y el sabor de la crema azucarada. Siento el aliento perfumado con esencia oscura. Siento la crueldad de sus uñas afiladas. Su piel es cálida. Los latidos que se perciben son precipitados, y se unen al ritmo de los míos. Siento sus dientes aferrarse a mi piel, buscando con avidez la sangre, buscando embriagarse y perder los sentidos. Sus manos recorren mi espalda, y dejan surcos ardientes. Su calor es embriagador, y siento la fiebre que lentamente embota mis sentidos. Siento el sabor de la sal, y el sabor metálico, que se unen al sabor a fresas y azúcar.
Siento los latidos en un galope sin fin, sin pausa. Siento el calor que se hace cada vez mayor, y el infierno que se desata vistiendo una túnica de jardines elíseos. Siento lentamente el sudor que corre por su piel, un sudor espeso y cálido, que poco a poco deja escapar soplos de calor. El brillo plateado sobre su piel blanca genera un contraste enorme

Su cuerpo se enfría despacio.

La rosa queda muy bien sobre su cuello blanco. Sus labios siguen rojos. Es realmente hermoso. El valle de su pecho deja correr un río rojo. Veintisiete rosas adornan su cuerpo. Solo una lleva aun el tallo. Creo que quedaría mejor sobre sus labios. Siguen siendo tan suaves. Sólo es cuestión de hacer un poco de fuerza.

Sus ojos brillan aun. Pero siguen buscando algún rostro conocido. ¿O se deleitaran en buscar alguna imperfección en la pintura blanca del techo? No creo que la halle, yo mismo repaso cualquier mancha oscura.
Las sábanas aun siguen cálidas, empapadas en el sudor. Un sudor extrañamente espeso.
La hoja de plata hace un perfecto contraste con las pequeñas gotas de almíbar. El sabor ya no es dulce. Supongo que el tiempo ya las habrás corrompido. El sabor metálico no está tan mal. Sigue siendo un deleite.

Se ha quedado dormida. Se ve hermosa con las veintisiete rosas.

Sus ojos... Se ha olvidado de cerrarlos. No te preocupes, descansa. Dulces sueños.

Realmente se ve hermosa con las veintisiete rosas. Brillan sobre su piel blanca. Las sábanas siguen empapadas. El perfume es embriagador. Tendré que hacerme un espacio. Espero no resfriarme. Las sábanas están realmente empapadas. Buenas noches preciosa, dulces sueños. ¿Podrás despertarme mañana? Tengo que limpiar un poco esto. Sigues sudando, aun dormida. Tu piel cada vez es mas blanca...
Supongo que debes estar cansada. Descansa. Mantén tus ojos cerrados, ¿quieres?

Espero que no hayas despertado a los vecinos. A veces son poco comprehensivos. No lo entienden, ¿verdad?

Realmente se ven hermosas las rosas sobre tu piel blanca. Aunque no son muy nítidas. La sangre no siempre es una buena elección como tinta. Pero se ve hermosa sobre tu piel blanca.



No podías saberlo

No lo sabias.

No podías saberlo.

¿Quien podría?

¿Quien podría saber lo delicado que son las notas que hacen una palabras? ¿Quien podría saber aquello que se oculta en una gota de rocío? ¿Quien podría saber aquello que se oculta bajo una roca cubierta de musgo?
No podía saberlo. Nunca lo pudo.

Los ojos cuentan historias alrededor de una hoguera. Se embriagan con fragmentos de canciones y con versos bastardos que encuentran en el desierto.

¿Quien podría decir que conoce lo que se oculta en un silencio?

¿Quien podría afirmar que conoce lo que yace en una tumba vacía?

No lo sabías. No podías saberlo.

Los ojos humanos permiten ver los palabras traducidas, opacas por el filtro que las cubre. No hallan nada más.

Las gotas de rocío, las hojas que el viento se lleva... Son enviadas por el Hado a buscar aquello que nadie encuentra.

¿Puedes darme un nombre?
¿Lo conoces?

Las gotas de rocío, las hojas que el viento se lleva, la arena que se escurre entre los dedos...

¿Puedes decirme mi nombre?
¿Puedes conocerlo?

Las gotas de rocío, las hojas que el viento se lleva... La arena que se escurre entre los dedos, las gotas de sangre brillando sobre la escarcha...

No podías saberlo.
Nunca pudiste.

¿Lo intentaste?

En una tumba oscura, se hallaba una única semilla. No era la semilla de una rosa, no era la semilla de un lirio. No era nada. ¿Por que no dejarla allí? Que mas da... ¿Por que darle un rayo de sol, o una gota de lluvia? ¿Por que? Nadie conoce su nombre, nadie la recuerda. Sellaron la tumba con fragmentos de piedras que hallaron en el camino... Y con el polvo de las suelas de mil transeúntes ocupados, viajeros y bardos, o quizás caballeros andantes.

¿Lo intentaste?

No podías saberlo.

No lo sabes.

Escuchará el silencio del jardín. Sentirá el sabor de la sangre. El polvo se unirá a los restos putrefactos. No quedará nada. Escuchará el único susurro que queda en un mar sin olas.... Y se olvidará de su nombre...

¿Cual era?

¿Lo recuerdas?

No importa.