Fiach Dubh

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sábado, 26 de octubre de 2013

Pensamiento oscuro II

Una condena, y una libertad... Un silencio, y una voz dormida,que espera... ¿Despertará? Nadie puede decirlo... O quizás si, no lo sé...
Una cadena forjada en el hielo de los mas profundo del averno... Y los versos rotos que olvidé, que no pude escribir, que se quedaron trabados en una garganta seca, rota... Versos que tartamudearon y dejaron caer el sentido metafísico que quizás podrían haber llevado. Versos que se perdieron en un océanos de sonidos y asonancias, y que al final resultaron ser únicamente una cacofonía de vidrios rotos, como recuerdos del pozo de Minroud que se hicieron añicos...
Sólo eran polvo, polvo perfumado, pero polvo al final... Eran humanos. No poseían lo necesario para los campos elíseos de las mentes perdidas. No, no eran suficientes... Eran polvo, eran sueños, eran nada... Aunque eran todo también... ¿Es raro verdad? 
Maldición antigua, imposible de romper... Cadenas profundas, grilletes que se clavan en mis muñecas, y que en mi masoquismo inusual acepto y deseo sobre mi... Realmente es curioso, ¿no?
Aquella dama velada de negro... Aquella viajera oculta tras una máscara blanca, cuyos ojos buscaban nada... ¿Dónde estás?
Y los pequeños azules siguen...
Maldición sin fin, maldición eterna, Tártaro, Purgatorio... ¡Ya no mas!
No queda nada... No queda nada...
Sólo esa miserable hoja en blanco, y una silla rota, en el rincón de una habitación oscura...
Los cristales rotos se clavan en la planta de sus pies descalzos. Sigue caminando, sigue caminando, y su voz susurra aquello que deseo, aquello que él deseo, que deseamos...
¿Quien eres?
No lo sé...
Pero no me queda nada más... Sólo sentarme en la silla rota, encadenado a mi cadáver ensangrentado, por versos y silencios que tartamudean y tartamudean, y tartamudean... Y yo sólo escucho aquella discordancia, aquel sonido non grato, aquel montón de ruidos que puebla mis pensamientos y que se queda plasmado en lo que escribo...
Sólo yo...
No hay nadie más en la habitación... ¿Quien querría?
No hay voces dulces, ni ligeras, sólo cacofonías redundantes y tartamudas...
Mejor es el silencio ¿verdad?
Atropos, corta de uno vez este hilo sin sentido, esta telaraña de voces que no dejan de soñar, de pensar, de crear (o que tienen la ilusión de ello)...
La doncella enguirnaldada de un brillante resplandor se pasea entre los bosques lejanos de algún lugar, de algún sueño perdido... Galadriel, lejos estás... Pero tu voz resuena en los bosques de mi pensamiento... 
Los susurros tartamudos no callan... No logro callar... ¿Que hacer?¿Que hacer? No lo sé...
La cadena poco a poco se clava en mi cuello... Los grilletes muerden la carne... Y poco a poco el sabor metálico me embriaga... 
Ebrio del vino del sueño, ebrio del jugo de las amapolas, del néctar perdido que Hypnos me sirve... Y en el cual mi cacofonía vale una lágrima, una sola...
Vivir encerrado en una prisión de gris, o encerrarse en una prisión de azul... ¿Cuál es real?
¿Que hacer?
Las voces del azul sólo serán mi eterna cacofonía... No puedo hacer nada más...
Galadriel, tu voz resuena, tu voz me calma...
¿Que hacer? Los susurros no descansan...
Poseído yace mi cuerpo, poseído de aquel demonio azulado que cree poder cantar... Su voz no es más que un susurro sin afinación alguna, sin coloratura, sin fuerza... No es nada...
Las cadenas muerden mi piel, beben mi sangre...
El kriss que yo mismo me impongo bebe mi sangre, y el veneno del upas penetra en mis sentidos.El jugo de las amapolas cae en mis lágrimas, y mis lágrimas se hacen mas saladas que el lago perdido de los ayayais... ¿Que hacer? No hay nada que resista... Sólo la filigrana de plata, que no podré jamás moldear a mi antojo, que no puedo tocar ya que estalla en llamas por mi oscuridad... Trabajo grosero, insulso... No hay ambrosía, no hay dulzura... El grajo, el cuervo, la bandera oscura y putrefacta que me sigue, que pisa mis pisadas y marcha como eterna compañera...
Lo sé, lo sé... No hay nada, no hay nada... Sólo susurros perdidos de una cacofonía que vuela en lágrimas saladas y amargas, pero vacías... Y no hay nadie en la habitación, sólo cuervos y grajos que devoran el cadáver putrefacto... Soy uno de ellos, ¿verdad?
Que me queda...
No hay azul brillante, sólo oscuridad. No hay nada.

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