Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

domingo, 27 de octubre de 2013

No es nada

Si supieras...
Que cada verso que escribo lo aderezo con un suspiro, y con tu imagen fragmentada en millones de crisálidas perdidas.
Que cada silencio se transforma en letras vacías, que se desgastan esperándote...
Nada... Sólo versos, ¿verdad?
Sólo una tumba perdida en un vasto cementerio de poemas, de versos, de sonidos que buscaban ser parte de una canción...
La lápida de mármol blanco poco a poco se agrieta... El tiempo pasa, el tiempo corre, y poco a poco la hiedra devora las letras de plata, los símbolos, las runas antiguas que relucían en un antaño que ya no se recuerda.
Sólo queda una estatua de piedra negra, que antes llevaba una lira... Ahora la estatua yace sin cabeza, hecha pedazos, rota... Y la lira ya no está.
Saqueadores de tumbas, tomad la lira, haced lo que queráis con ella... Ya no importa...
Nada. Sólo versos, ¿verdad?
Si supieras...
Que en lo profundo de mi oscuridad yacía aquella pequeña hada, aquella voz tan efímera, que esperaba para susurrar algún secreto que ahora calla... Y sus alas traslúcidas son polvo, son nada... El vuelo invernal es ahora lejano, es ahora imposible, ya que no hay alas, no hay viento, no hay capullos que se abran esperando un rayo de sol.
No hay nada... Sólo versos, ¿verdad?
Si supieras... Que en el puerto blanco esperaba aquel barco, dispuesto a llevarme allende los mares, a aquel lugar lejano.. Que eran solamente frágiles hilos los que retenían las alas azules... Pero me aferre a ellos, me enlacé en ellos, y ahora quedo prisionero...
No hay nada...
Nunca lo hubo.
¿No?
Si supieras...
Que todo se marcaba en mi piel, en mi pecho, y que el dolor era intenso... Cada letra con sangre, con esencia, con espinas afiladas y heladas de rosas negras, de rosas que fallecen en la nieve de aquel invierno...
Y los palacios de cristal de las ninfas calladas, de las damas del silencio, todo se derrumba...
¿Que mas da?
No hay nada.
Nada... Sólo susurros que no oyes, que no importan.
Si supieras...
Que bajo el sol de mediodía lentamente languidece el niño, torturado por aquella luz tan poco sincera, tan cruel, tan poco azulada... Poco a poco su garganta se seca, sus labios se agrietan, sus ojos se cierran... Y no hay nadie cerca, nadie con una gota de agua para compartir, nadie... Sólo las arenas rojas del desierto multicolor, azules, verdes, amarillas, cercadas por ríos de plata y oro. No hay oasis cercano, no hay pozos de vida, sólo arenas que queman sus venas y atraviesan su piel. Y sus pies descalzos dejan marcado el camino de rojo, de aquel liquido que nos hace humanos pero que en él es una carga.
No hay nada.
Nada.
Si supieras...
Que aquella voz perdida, lejana, le suministra un poco de paz y de azul, pero es lejana, está perdida, y sus pies descalzos no la alcanzan... Sólo la aurora boreal, y el amanecer, lejanos...
Y el rosedal está plagado de langostas grises que devoran los pétalos, y beben el néctar prohibido, la esencia de vida de un bosque de nomeolvides y de cardos... Y las moscas se posan, por que el suelo se infesta de cadáveres putrefactos, de aquellos cuerpecillos alados, de aquellos rostros con sonrisas petrificadas que ahora no brillan ni resuenan...
Si supieras...
Que las campanas anunciaban la partida, y prestos a zarpar estaban todos, pero dejó aquel puerto y caminó aun más en el averno, en las tierras petrificadas, en el Tártaro inmundo y gris al que no pertenece...
Y que la voz poco a poco se calla... ¿Por que no? Resuena, sólo el eco responde.
No hay nada.
Nada.
La nada.
La esencia vacía, el cascarón roto, el caracol que poco a poco camina sobre la sal, sabiendo que ella lo seca, pero que continua tratando de seguir alguna intención rota y prometida.
La esencia que cae de las rocas frente al mar, que poco a poco se desgastan por el agua salada y fría.
La esencia del rosedal que se cubre de hielo, y poco a poco se marchita. Uno a uno, los pétalos caen, se hacen polvo, se pierden, se rompen, y forman un paisaje caótico que nadie quiere retratar.
No hay nada.
La nada... Aquella que no puede ser nombrada, Aquella que tragó el silencio, que tragó la luz, que devora todo. Aquella que tiñe los mantos púrpuras de gris, aquella que tiñe los cabellos, los rostros, de gris. Devora y deja agujeros. ¿Le pertenecerá? ¿Quien sabe?
Aquella que busca a la emperatriz, y busca acabar con el brillo del marfil. No quedaría nada,¿verdad?
Presto a zarpar, aun no lo decide, no lo decidimos... Siempre hay aquel llamado... En una cáscara de nuez, en un pecio, en balsa que tambalea sobre las aguas furiosas... Y el llamado sigue, sigue, nunca para... Me espera el hogar, me espera aquel lugar dónde mis ojos se abrieron por primera voz...
Galadriel, aquella que posee una voz azul, aquella que también nació allá...
Presto a zarpar, a nado, aferrado a un mástil flotante, aferrado a restos.
El canto de las sirenas, el mugido del viento, el llanto de las ondinas, los susurros de los ents, de los árboles con voz, de aquel lugar dónde son más que un todo, más que una imagen que sólo se queda inmóvil, dónde el alma canta en cada rincón...
Bajo una luna llena, bajo el brillo de las estrellas, bajo la danza celeste, mis ojos se cierran y buscan llevarme a aquel lugar...
Si supieras... Que se desgarran los tejidos, se desgarran los silencios, se desgarran los versos... Buscando sólo una sonrisa, un recuerdo, un lugar... Y que se pierden frente a la muralla gris y lúgubre que hallan...
Alguno logró saltarla, quien sabe... Pero los demás siguen esperando, acosados por las llagas, por las voces, llorando en una cacofonía que busca ser melodía pero que no le permiten. Nadie les da un momento para afinarse, sólo las desprecian y las dejan hundirse en un páramo de hiedras venenosas y cardos. No hay nada.
Si supieras... Que la sed corroe lentamente las venas, la sangre, el espíritu, el alma.. Y que aquellos fragmentos se quedan plasmados sobre formas físicas, pero que se quedan pudriéndose sobre las rocas, sobre el camino, pisoteadas sin reparos.
Si supieras... Que aquellos fragmentos son partes únicas, que no poseen remplazo, y que sólo buscan algo... Sólo algo... Un deseo póstumo tendrá que ser, es lo más probable. Un sarcófago labrado en cedro aromático, recubierto de pan de plata, con tallados finos. Una fosa común ahora, postreramente una fosa ostentosa al lado de un lago, en un bosque de rosedales cuya fragancia destila los secretos de los dioses. Un lienzo de seda fina como mortaja. Una lápida con letras de oro, pero no de plata, y escritas en el idioma de los hombres, pero no en el idioma secreto de los niños del bosque y del azul. Una ceremonia hecha por rostros ajenos, aquellos que no hayan recuerdo, aquellos que sólo asienten y dejan caer rosas y lágrimas que hallaron en esa misma mañana, en la esquina dónde aparcaron el auto. Y se oyen palabras... Palabras... Pero el idioma de los hombres que puede hacer... Nada. El cadáver sigue allí, y el fuego fatua lentamente mengua, y desaparece. Las almas en pena lo escuchan, escuchan el silencio marcado de sollozos y torturas, pero nada pueden hacer. Y se escuchan palabras cortas, que acompañan la caída de cada rosa, antes de que la tierra cubra todo. No es nada.
Nada.

2 comentarios:

Katia Gonzales dijo...

Tan profundo que me sacó lagrimas. Muy bueno

Helen Quiroz dijo...

Mi Vic, siempre lleno de inspiración :) que bonito!!!