Fiach Dubh

Fiach Dubh
Fiach Dubh

martes, 29 de octubre de 2013

Murmuran

Murmuran...
Palabras sin sentido,
Palabras que buscan y no hallan;
Palabras parpadeantes que no danzan,
Sólo murmullos...

Los dedos agarrotados por la lluvia,
Por el frío,
Por el silencio que se hace cada anochecer,
Cuando palpita el corazón de un cervatillo,
Cuando suenan flautas, y se abre el camino
Al reino prohibido...
Los dedos destrozados por las espinas rojas, por las agujas que se clavan sin temor ni piedad
Buscando con avidez la sangre, la sustancia que recorre aquellos canales profundos que se hunden en su piel, en su cuerpo, en su carne....
Las gotas saladas, amargas, penetran cada rincón.

Murmuran,
Susurran en las lápidas,
Susurran en los pequeños matorrales, alrededor de la tierra profana que cubre el hedor
Que hace aceptable la corrupción y el festín de gusanos... La orgía de la tierra que retoma lo que es suyo, y lo celebra.... Lo acoge en su seno, lo toma... Es suyo.

Murmuran...
Y la lápida se hace nada, el epitafio son sólo dos versos , de una mirada y una sonrisa buscadas, pero que nunca fueron halladas.... La lápida se hace polvo, el tiempo pasa, los huesos se deshacen, la carne desaparece, y queda un cráneo amarillento con dos huecos oscuros, dónde allende había algo... Algo...
¿Que era?
Sólo un par de ojos, nada más... No eran nada. Nunca fue nada.

Murmuran... Y dejan caer lágrimas sin peso, sin esencia... Lágrimas hechas únicamente de agua, sin sal ni sangre. Lágrimas vacía, tan vacía como las palabras que se pronuncian, y como las rosas que se dejan caer sobre la tierra profana. ¿Que es verdad? ¿Que lo es? No es posible saberlo, ya que el cráneo no alberga más, no lleva nada, sólo desaparece de manera paulatina.

Murmuran,,, Siempre aquel ambiente de sonidos y palabras semiocultas. Una sola bastaba, pero nunca fué dicha. El epitafio sigue virgen, bajo la túnica de marfil y sus letras de plata.

domingo, 27 de octubre de 2013

La dama sin rostro

Vestida de hiel,
Vestida del silencio, y de la sangre derramada sobre altares perdidos...
Sobre los cuáles crece la maleza, y las ruinas se hacen aun más viejas...
Ella yace en mi lecho.
Siento su mano corriendo por mi espalda, y el sudor frío la acompaña...
¿Cual es su nombre?
Nunca me lo dijo...
Su voz... Sus uñas desgarran carne, pero no mana sangre, mana esencia de un espíritu prisionero, de un demonio oculto... De un espíritu maldito, condenado, encerrado en las rejas de la carne, bajo la fragilidad humana.
Ella lo llama, ella lo conoce, ella lo ha esperado y lo desea...
Lilith, ese era tu nombre... ¿verdad?
Madre del que yace en mi pecho, en mi alma, encerrado por cadenas sagradas...
Madre del que yace enterrado en sacra sepultura, con sellos cabalísticos que buscan evitar su salida...
Encerrado bajo sellos que un dios de luz quiso poner, un dios que pertenece al día, que vive bajo el sol...
Pero Lilith lo mantuvo allí... Lo esperó...
¿Que haces en mi lecho, Madre, que haces esperando?
Soy mortal... Nada más...
¿Que deseas?

Tomas mi mano...
Siento tus labios recorriendo mis dedos, siento tu aliento en mi cuello, y el cabello en mi nuca se eriza despacio... Siento la carne de gallina que deja aquella sensación prohibida... Nephilim... No, no... ¿Habrá nombre para esta unión insana?
No lo sé...
¿Lo sabes tu, dama sin rostro?
Tus ojos brillan... Me queman... Me devoran lentamente...
Tu mano recorre mi pecho... Siento tus uñas dejando surcos ensangrentados, abriendo caminos y creando un símbolo oculto... Rompiendo los sellos que los arcángeles levantaron, destruyendo los silencios impuestos... Tu mano...

Hurgas en mi pecho. Penetras en la carne, en los tejidos, en la sangre, y hurgas en el tambor palpitante. Lo buscas. El último sello...
Espera...
Por favor, ¡espera!
¿Que sucederá?
Me poseerá?
Siento su voz, siento su mirada... Siento que cubren aquello que fue mío, y ahora hay otro mío... Hay otra voz... Un cuerpo hecho trizas, renace de cenizas... Y no hay nada más... 
Deja... ¡Para!
Necesito tiempo aún...
No puedo partir...
Pero... Es tan...
Siento mis ojos cerrarse, y otros abrirse... Mis venas son fuego azulado, mis tejidos absorben una esencia desconocida pero perfumada, que los embriaga lentamente...
¿Quién eres?
¿Quien soy?
Aquel cuerpo frágil... Derrotado por el gris que lo rodea... No queda nada.
Nace aquel, nace del silencio y la derrota...
¿Quien es?
No lo sabemos.
Lilith, lo esperabas...
El lecho....
Ahora la voz viene de algún lugar lejano, algún limbo lleno de espíritus y espectros, de criaturas cuyo nombré es imposible pronunciar en lenguas de Adán.
Ahora la humanidad arde, y nace aquella criatura...

No es nada

Si supieras...
Que cada verso que escribo lo aderezo con un suspiro, y con tu imagen fragmentada en millones de crisálidas perdidas.
Que cada silencio se transforma en letras vacías, que se desgastan esperándote...
Nada... Sólo versos, ¿verdad?
Sólo una tumba perdida en un vasto cementerio de poemas, de versos, de sonidos que buscaban ser parte de una canción...
La lápida de mármol blanco poco a poco se agrieta... El tiempo pasa, el tiempo corre, y poco a poco la hiedra devora las letras de plata, los símbolos, las runas antiguas que relucían en un antaño que ya no se recuerda.
Sólo queda una estatua de piedra negra, que antes llevaba una lira... Ahora la estatua yace sin cabeza, hecha pedazos, rota... Y la lira ya no está.
Saqueadores de tumbas, tomad la lira, haced lo que queráis con ella... Ya no importa...
Nada. Sólo versos, ¿verdad?
Si supieras...
Que en lo profundo de mi oscuridad yacía aquella pequeña hada, aquella voz tan efímera, que esperaba para susurrar algún secreto que ahora calla... Y sus alas traslúcidas son polvo, son nada... El vuelo invernal es ahora lejano, es ahora imposible, ya que no hay alas, no hay viento, no hay capullos que se abran esperando un rayo de sol.
No hay nada... Sólo versos, ¿verdad?
Si supieras... Que en el puerto blanco esperaba aquel barco, dispuesto a llevarme allende los mares, a aquel lugar lejano.. Que eran solamente frágiles hilos los que retenían las alas azules... Pero me aferre a ellos, me enlacé en ellos, y ahora quedo prisionero...
No hay nada...
Nunca lo hubo.
¿No?
Si supieras...
Que todo se marcaba en mi piel, en mi pecho, y que el dolor era intenso... Cada letra con sangre, con esencia, con espinas afiladas y heladas de rosas negras, de rosas que fallecen en la nieve de aquel invierno...
Y los palacios de cristal de las ninfas calladas, de las damas del silencio, todo se derrumba...
¿Que mas da?
No hay nada.
Nada... Sólo susurros que no oyes, que no importan.
Si supieras...
Que bajo el sol de mediodía lentamente languidece el niño, torturado por aquella luz tan poco sincera, tan cruel, tan poco azulada... Poco a poco su garganta se seca, sus labios se agrietan, sus ojos se cierran... Y no hay nadie cerca, nadie con una gota de agua para compartir, nadie... Sólo las arenas rojas del desierto multicolor, azules, verdes, amarillas, cercadas por ríos de plata y oro. No hay oasis cercano, no hay pozos de vida, sólo arenas que queman sus venas y atraviesan su piel. Y sus pies descalzos dejan marcado el camino de rojo, de aquel liquido que nos hace humanos pero que en él es una carga.
No hay nada.
Nada.
Si supieras...
Que aquella voz perdida, lejana, le suministra un poco de paz y de azul, pero es lejana, está perdida, y sus pies descalzos no la alcanzan... Sólo la aurora boreal, y el amanecer, lejanos...
Y el rosedal está plagado de langostas grises que devoran los pétalos, y beben el néctar prohibido, la esencia de vida de un bosque de nomeolvides y de cardos... Y las moscas se posan, por que el suelo se infesta de cadáveres putrefactos, de aquellos cuerpecillos alados, de aquellos rostros con sonrisas petrificadas que ahora no brillan ni resuenan...
Si supieras...
Que las campanas anunciaban la partida, y prestos a zarpar estaban todos, pero dejó aquel puerto y caminó aun más en el averno, en las tierras petrificadas, en el Tártaro inmundo y gris al que no pertenece...
Y que la voz poco a poco se calla... ¿Por que no? Resuena, sólo el eco responde.
No hay nada.
Nada.
La nada.
La esencia vacía, el cascarón roto, el caracol que poco a poco camina sobre la sal, sabiendo que ella lo seca, pero que continua tratando de seguir alguna intención rota y prometida.
La esencia que cae de las rocas frente al mar, que poco a poco se desgastan por el agua salada y fría.
La esencia del rosedal que se cubre de hielo, y poco a poco se marchita. Uno a uno, los pétalos caen, se hacen polvo, se pierden, se rompen, y forman un paisaje caótico que nadie quiere retratar.
No hay nada.
La nada... Aquella que no puede ser nombrada, Aquella que tragó el silencio, que tragó la luz, que devora todo. Aquella que tiñe los mantos púrpuras de gris, aquella que tiñe los cabellos, los rostros, de gris. Devora y deja agujeros. ¿Le pertenecerá? ¿Quien sabe?
Aquella que busca a la emperatriz, y busca acabar con el brillo del marfil. No quedaría nada,¿verdad?
Presto a zarpar, aun no lo decide, no lo decidimos... Siempre hay aquel llamado... En una cáscara de nuez, en un pecio, en balsa que tambalea sobre las aguas furiosas... Y el llamado sigue, sigue, nunca para... Me espera el hogar, me espera aquel lugar dónde mis ojos se abrieron por primera voz...
Galadriel, aquella que posee una voz azul, aquella que también nació allá...
Presto a zarpar, a nado, aferrado a un mástil flotante, aferrado a restos.
El canto de las sirenas, el mugido del viento, el llanto de las ondinas, los susurros de los ents, de los árboles con voz, de aquel lugar dónde son más que un todo, más que una imagen que sólo se queda inmóvil, dónde el alma canta en cada rincón...
Bajo una luna llena, bajo el brillo de las estrellas, bajo la danza celeste, mis ojos se cierran y buscan llevarme a aquel lugar...
Si supieras... Que se desgarran los tejidos, se desgarran los silencios, se desgarran los versos... Buscando sólo una sonrisa, un recuerdo, un lugar... Y que se pierden frente a la muralla gris y lúgubre que hallan...
Alguno logró saltarla, quien sabe... Pero los demás siguen esperando, acosados por las llagas, por las voces, llorando en una cacofonía que busca ser melodía pero que no le permiten. Nadie les da un momento para afinarse, sólo las desprecian y las dejan hundirse en un páramo de hiedras venenosas y cardos. No hay nada.
Si supieras... Que la sed corroe lentamente las venas, la sangre, el espíritu, el alma.. Y que aquellos fragmentos se quedan plasmados sobre formas físicas, pero que se quedan pudriéndose sobre las rocas, sobre el camino, pisoteadas sin reparos.
Si supieras... Que aquellos fragmentos son partes únicas, que no poseen remplazo, y que sólo buscan algo... Sólo algo... Un deseo póstumo tendrá que ser, es lo más probable. Un sarcófago labrado en cedro aromático, recubierto de pan de plata, con tallados finos. Una fosa común ahora, postreramente una fosa ostentosa al lado de un lago, en un bosque de rosedales cuya fragancia destila los secretos de los dioses. Un lienzo de seda fina como mortaja. Una lápida con letras de oro, pero no de plata, y escritas en el idioma de los hombres, pero no en el idioma secreto de los niños del bosque y del azul. Una ceremonia hecha por rostros ajenos, aquellos que no hayan recuerdo, aquellos que sólo asienten y dejan caer rosas y lágrimas que hallaron en esa misma mañana, en la esquina dónde aparcaron el auto. Y se oyen palabras... Palabras... Pero el idioma de los hombres que puede hacer... Nada. El cadáver sigue allí, y el fuego fatua lentamente mengua, y desaparece. Las almas en pena lo escuchan, escuchan el silencio marcado de sollozos y torturas, pero nada pueden hacer. Y se escuchan palabras cortas, que acompañan la caída de cada rosa, antes de que la tierra cubra todo. No es nada.
Nada.

sábado, 26 de octubre de 2013

Dama de Lothlórien


Luna viste de luto,
Y pétalos de amapolas...
¿Que queda bajo el cielo desgarrado?
Un silencio...
La voz de un recuerdo...
¿Que queda? 
Nada...
Aquella voz...
Dueña de la magia,
Se escucha...

Luna viste luto,
Pensamientos rotos,
Versos olvidados...
Las cadenas,
Las máscaras,
¿Que queda?
Los susurros...
Aquella voz,
La recuerdo...

Mis manos heladas,
Y mi cuerpo putrefacto;
El perfume metálico,
Y los ojos amarillos...
Mis alas oscuras,
Cuervo, cuervo;
Claman aquellos que me ven...
Aquella voz...
No la olvido,
Aquella voz...
Puebla mis sentidos...

Luna viste luto,
Cuervo la desgarra,
Se enreda en su velo,
Arranca sus ojos,
Devora sus labios...
Aquella voz...
Aquella voz...
¿Dónde está?

Alma pérdida, no calla;
Se consume...
Aquella voz...
¿Dónde está?
Los ojos que no ven,
Te buscan...
Das vida,
Aquella voz...
Es vida...

Luna viste de luto,
Su luz languidece...
¿Que importa?
Aquella voz...
Aquella voz...
Vida, fuerza;
En la tierra de los muertos,
En la oscuridad...
Se alza...

Demonios y espectros,
Almas torturadas,
Voces de grajos y cuervos;
Todos callan...
Aquella voz...
Aquella voz...
Galadriel, Galadriel...
Susurran labios helados,
Un suspiro roto...
¿Que queda?
Aquella voz...
Aquella voz...

Pensamiento oscuro II

Una condena, y una libertad... Un silencio, y una voz dormida,que espera... ¿Despertará? Nadie puede decirlo... O quizás si, no lo sé...
Una cadena forjada en el hielo de los mas profundo del averno... Y los versos rotos que olvidé, que no pude escribir, que se quedaron trabados en una garganta seca, rota... Versos que tartamudearon y dejaron caer el sentido metafísico que quizás podrían haber llevado. Versos que se perdieron en un océanos de sonidos y asonancias, y que al final resultaron ser únicamente una cacofonía de vidrios rotos, como recuerdos del pozo de Minroud que se hicieron añicos...
Sólo eran polvo, polvo perfumado, pero polvo al final... Eran humanos. No poseían lo necesario para los campos elíseos de las mentes perdidas. No, no eran suficientes... Eran polvo, eran sueños, eran nada... Aunque eran todo también... ¿Es raro verdad? 
Maldición antigua, imposible de romper... Cadenas profundas, grilletes que se clavan en mis muñecas, y que en mi masoquismo inusual acepto y deseo sobre mi... Realmente es curioso, ¿no?
Aquella dama velada de negro... Aquella viajera oculta tras una máscara blanca, cuyos ojos buscaban nada... ¿Dónde estás?
Y los pequeños azules siguen...
Maldición sin fin, maldición eterna, Tártaro, Purgatorio... ¡Ya no mas!
No queda nada... No queda nada...
Sólo esa miserable hoja en blanco, y una silla rota, en el rincón de una habitación oscura...
Los cristales rotos se clavan en la planta de sus pies descalzos. Sigue caminando, sigue caminando, y su voz susurra aquello que deseo, aquello que él deseo, que deseamos...
¿Quien eres?
No lo sé...
Pero no me queda nada más... Sólo sentarme en la silla rota, encadenado a mi cadáver ensangrentado, por versos y silencios que tartamudean y tartamudean, y tartamudean... Y yo sólo escucho aquella discordancia, aquel sonido non grato, aquel montón de ruidos que puebla mis pensamientos y que se queda plasmado en lo que escribo...
Sólo yo...
No hay nadie más en la habitación... ¿Quien querría?
No hay voces dulces, ni ligeras, sólo cacofonías redundantes y tartamudas...
Mejor es el silencio ¿verdad?
Atropos, corta de uno vez este hilo sin sentido, esta telaraña de voces que no dejan de soñar, de pensar, de crear (o que tienen la ilusión de ello)...
La doncella enguirnaldada de un brillante resplandor se pasea entre los bosques lejanos de algún lugar, de algún sueño perdido... Galadriel, lejos estás... Pero tu voz resuena en los bosques de mi pensamiento... 
Los susurros tartamudos no callan... No logro callar... ¿Que hacer?¿Que hacer? No lo sé...
La cadena poco a poco se clava en mi cuello... Los grilletes muerden la carne... Y poco a poco el sabor metálico me embriaga... 
Ebrio del vino del sueño, ebrio del jugo de las amapolas, del néctar perdido que Hypnos me sirve... Y en el cual mi cacofonía vale una lágrima, una sola...
Vivir encerrado en una prisión de gris, o encerrarse en una prisión de azul... ¿Cuál es real?
¿Que hacer?
Las voces del azul sólo serán mi eterna cacofonía... No puedo hacer nada más...
Galadriel, tu voz resuena, tu voz me calma...
¿Que hacer? Los susurros no descansan...
Poseído yace mi cuerpo, poseído de aquel demonio azulado que cree poder cantar... Su voz no es más que un susurro sin afinación alguna, sin coloratura, sin fuerza... No es nada...
Las cadenas muerden mi piel, beben mi sangre...
El kriss que yo mismo me impongo bebe mi sangre, y el veneno del upas penetra en mis sentidos.El jugo de las amapolas cae en mis lágrimas, y mis lágrimas se hacen mas saladas que el lago perdido de los ayayais... ¿Que hacer? No hay nada que resista... Sólo la filigrana de plata, que no podré jamás moldear a mi antojo, que no puedo tocar ya que estalla en llamas por mi oscuridad... Trabajo grosero, insulso... No hay ambrosía, no hay dulzura... El grajo, el cuervo, la bandera oscura y putrefacta que me sigue, que pisa mis pisadas y marcha como eterna compañera...
Lo sé, lo sé... No hay nada, no hay nada... Sólo susurros perdidos de una cacofonía que vuela en lágrimas saladas y amargas, pero vacías... Y no hay nadie en la habitación, sólo cuervos y grajos que devoran el cadáver putrefacto... Soy uno de ellos, ¿verdad?
Que me queda...
No hay azul brillante, sólo oscuridad. No hay nada.

jueves, 17 de octubre de 2013

Saltar ( inspirado por mi buen amigo Kanuto)

Tus ojos…
Los veo…
¿Qué más da?
Abriré mi mano…

Y no siento el suelo,
Observo el vacío,
Tus ojos,
Un tesoro,
Un infierno placentero,
Cielo de canciones,
Paraíso,
Purgatorio de miel…
Sólo por tus ojos.

No hay nada,
La eternidad de tus ojos,
Me embriago,
¿Qué hago?
Abriré mi mano…
¿Qué me queda?
No hay nada,
La eternidad de tus ojos,
Perfección,
Silencio y canción…
¿Qué más da?
Me suelto,
Suelto mis palabras,
Suelto mis sentidos,
Suelto un corazón vacío,
Que busca tus ojos,
Tu risa,
Rareza encantada,
Misteriosa,
Única,
Dolorosa…
Me suelto,
¿Qué más da?

Me embriago en tus ojos,
El silencio,
La lluvia,
La noche de una mirada
Con delicados párpados…
¿Qué más da?
No importa…
No me importa…
Saltaré,
¿Qué más da?
Tus ojos,
Tan suaves,
Los veo…
¿Qué más da?
La eternidad de tus ojos,
¿Hay algo más?
Sólo tu mirar…

La niebla me cubre,
Caigo…
Me hundo…
No hay nada…
¿Qué más da?
¿Qué importa?
Llevo tu mirar,
Llevo la cascada
Tus suaves cabellos;
La canción de tu sonrisa,
El susurro de tus cejas…
¿Qué más da?
No hay nada…
Vacío…
Sus ojos,
Tus ojos…
¿Qué más da?
Susurros,
De nuestras conversaciones,
La eternidad de tus ojos,
Tu sonrisa…
Las siento,
Dentro de mí…
La siento,
Palpitando,
Junto a mí…
¿Qué más da?
Saltaré,
Me hundiré,
Y buscaré tu mirada,
Y seguiré a tu sonrisa…
¿Qué más da?

No hay nada más.

martes, 15 de octubre de 2013

¿Que valen?

Aquellas palabras...
¿Que valen?
El silencio,
¿Que valen?
Aquellas miradas,
Aquellas pisadas
Que quedaron en la orilla...

Ojos sin cerrar,
Y labios partidos.
El licor de sueños
Se escurre despacio,
Y cristales rotos
Devoran su carne...

Son sólo palabras,
¿Que valen?
Tinta que se pierde,
Sólo sangre...
¿Que vale?
¿Quien sabe?

Un beso,
Suspiro desnudo,
Que se viste de amargura...
¿Que vale?
Déjalo perderse,
¿Que vale?
No es nada...
Sólo un beso,
Un adiós,
Un suspiro...
O pedazos remendados
De aquel espejo robado...
¿Quien sabe?
¿Que valen?

Pensamiento oscuro I

Versos vacíos... ¿Que hacer?
No lo sé...
Realmente no lo sé...

¿Será necesario que hunda aún más aquella dulce navaja de cristal en mi pecho? ¿He de hurgar aún más, mas allá del corazón palpitante, más allá de la sangre y el tejido, más allá de todo... Buscando una voz... Sólo una voz...

¿Que hacer?

Nadie puede responder a aquella pregunta. Nadie. O nadie quiere quizás... Mi verso desmembrado, yace olvidado, yace perdido. Estamos rotos ambos, y lentamente nos ahogamos en el hedor de nuestros cuerpos putrefactos...

¿Que hacer?

Sólo versos vacíos, sólo versos que se limitan a provocar una mera sonrisa, y dos palabras sin sentido, repetitivas, en una cacofonía sin fin que retumba como campana de bronce.

¿Que hacer?

No sé... Abriré mi pecho y bañaré mi hoja en mi sangre oscura... Llenaré mi tintero, y buscaré un suspiro contenido que haya dejado olvidado y sin salir. Buscaré aquello que no encuentro, y que necesito... ¿Dónde está? ¿Dónde estás? ¿Dónde estamos?
No sé... Aquel mediocre verso yace en mi sangre, bebe mi sangre, lleva mi sangre... Es mío y soy suyo... Cuervos del silencio roto, que nunca debieron cantar ya que sólo graznan... El olor a cadáver, el perfume dulzón de la carne en descomposición, lo lleva en sus garras afiladas, manchadas, herrumbrosas...
El manto azul está fragmentado, y la espada yace rota... La voz aun más...

¿Que hacer?

Drenar mi sangre, drenar mi espíritu, drenar aquellos pedazos torturados que me quedan de alma, fragmentos imperfectos y que poco a poco se reducen en polvo... Bañar en ellos un pincel, y usar la pluma de un fénix corrupto...
No queda nada... No sé... ¿O lo sabemos?

¿Que hacer?

Dejar caer gota a gota, esencia pura... Se corrompe con el aroma, el perfume oscuro, de aquella dama de chal negro. Todo se corrompe, en un espiral roto, rojo, que se torna gris. Todo se pierde. No hay sentido, no hay voz, no hay melodía, no hay tonalidad, no hay armonía.. Nada... Por que la sangre en el papel sólo es tinta, y no voz... Por que los ojos solo ven, y no leen, no viven, no buscan... No hay nada, no hay canción, no hay susurro... Solo sangre corrupta, putrefacta, que algún demonio dejo a la luz del sol gris. No queda nada, solo polvo, y el aroma dulzón de la putrefacción

¿Que hacer?

domingo, 13 de octubre de 2013

Dulce

En aquel momento, te sientes muy solo... Patéticamente solo. Mis rodillas temblaban, mi cuerpo entero temblaba. Quería cerrar mis ojos. No podía...

El niño temblaba.
Sus sollozos eran... dulces... Todo era tan dulce...

La sentí acercarse, y observarme. Sentí su aliento gélido en mi espalda. Lo siento, en mi cuello, en mi nuca, en mis hombros. Mi cuerpo es diminuto. Esta allí, en silencio... La siento...
Su aroma... su aroma es...
La siento... Está detrás mío... No debo voltearme...

El niño tiembla, no deja de temblar... Sus dientes se entrechocan. Su respiración es tan agitada, temerosa... dulce... Que delicia. Mis labios están agrietados... Dulce...

Siento sus dedos... Son tan delgados... Están helados...
Sus uñas...
Escarban mi piel...
¿Que deseas? ¿Que quieres de mi? ¿Por qué a mi? ¿Quién te llamó? 
¡Déjame! ¡Suéltame!
¡No quiero!

Sus gritos eran tan suaves, tan ligeros, tan.... dulces.
Mi lengua estaba ansiosa... Mis labios quieren beber...
Mis ojos se entrecierran... Ya me lo imagino. Ya lo siento. Siento correr el licor azucarado, despacio por mi garganta. El sólo imaginarlo es tan... placentero... y dulce.
Cuanto deseo... lo deseo ahora.

¡ Déjame! ¡Suéltame! ¡No quiero!
¡Vete!
¿Por qué? ¿Por qué?
¿Que te he hecho yo?
¿Por qué?

Despacio mi niño... Despacio... Lo sientes, ¿verdad?
Eres mío.
No puedes huir. Te tengo. Eres tan... dulce...
Siento el licor correr por mis venas, siento aquel fuego azul... Tus ojos negros con chispas azules me miran con terror... No... No es terror... ¿No tienes miedo? Deberías... Tu cuerpo se hace gris... Se hace polvo. No puedes hacer nada... ¿Que es eso en tus ojos? ¿Ries? No deberías... ¡No puedes!
No lo entiendes, ¿verdad? Se acabó... ¿No lo entiendes?
Cállate... ¿Por que cantas? ¿Que te sucede?
Tu voz es tan dulce...
Deja de susurrar... ¡Silencio!
Tu cuerpo se hace polvo, se hace gris... No te queda mucho... No les queda mucho...
¡Dejad de cantar!

Se apaga... Se extingue... ¿Que importa?
Ya no siento mi cuerpo.
Ya no siento mis dedos.
Mi voz... ¿Que me queda?
Lo último...
Soy canción azul.

martes, 8 de octubre de 2013

Algo

Se abren y se cierran...
Labios rojos,
Posesos;
Carne viva,
Y la sangre se coagula.

Daga de cristal,
Hambrienta me busca...
Acero me besa,
¿Que importa?
Carne viva,
Sangre coagulada,
Putrefacta,
Oscura...
Se incendia…
Muy despacio.
¿Lo escuchas?
¿Lo sientes?
Poco a poco…
Fuego putrefacto...
-
-
Deseo perdido,
Y me has olvidado…
¿Por qué?
Estoy aquí…
Lo sabes…
Lo sabemos.
¿Verdad?
-
-
La sangre no corre
Sólo se extingue…
¿La escuchas?
El mismo deseo,
La dicha,
El frenesí…
¿La escuchas?
La sientes, ¿verdad?

Lo sabemos…
Lo escuchamos
¿Verdad?


lunes, 7 de octubre de 2013

No cesan...

No cesan. En ningún momento. No cesan...
¿Por que?

Se escuchan en todos lados. No hay escape.

Tantas tonalidades, tantos registros. Tantas voces. No cesan... Se escuchan en todos lados... 

¿Por qué?

¿Que hice?

Se escuchan... Se escuchan y no cesan... 

Para... Para por favor... No puedo... No quiero...

¡Para!

Te lo imploro... Para...

Mariposas... Dulces mariposas. Las alas se destiñen, pierden su color. Mariposas espectrales. Plaga inmunda... ¿Que hacer?

Para... ¡Para!

Se escuchan... Las mariposas susurran aquellas historias... La sangre se hiela en mis venas... Mi pecho... 
La sangre es tan pesada... Una barrera grotesca... No la necesito, ¿verdad?
¿De que me sirve?
Corren las aguas calladas... Los murmullos son tan insípidos. ¿Que hacer?

viernes, 4 de octubre de 2013

Hora libre

A veces es interesante quedarse callado, en medio de todos. Y observar. Escuchar con la mirada y no con los oídos. Es algo que no siempre hacemos... En medio de un patio, repleto de bullicio, lleno de niños, adolescentes, adultos... ¿Quién se detiene a escuchar en una mirada? Creo que muy pocos. Pero una mirada puede contarnos mucho. Hay miradas que gritan suplicantes por ayuda, por apoyo, por comprehensión. Hay miradas que susurran, enojadas, resentidas. Hay miradas que relucen con un gélido brillo, con mensajes ocultos detrás de muros de cristal. Hay miradas que callan nada más, apagadas, moribundas, y sólo esperan. ¿Cuanto podríamos hacer por alguien si nos detuvieramos a darle una ojeada a su mirada? ¿Quien sabe? ¿Y cuanto descubriríamos? Dicen que los ojos son los espejos del alma. Admitiendo la existencia del alma, creo que es cierto. La mirada de una persona es aquello que lo traiciona cuando miente. Es aquello que trasluce los sentimientos que para simular fortaleza quiere ocultar. La mirada cuenta mucho. Un pequeño entró al salón. Su mirada... Su mirada estaba cansada. Su canción se escuchaba apenas. ¿Que será? ¿Será nostalgia? ¿Será tristeza? A su corta edad, ¿será cansancio de una realidad gris que nos envuelve y lentamente nos sofoca? ¿Será la falta de toda gota de esperanza? Quién sabe... Su mirada suplicaba por un abrazo, por un oído atento, por una boca callada que no juzgue, pero que escuche. Su mirada dejaba ver una fragilidad reforzada por una máscara de hierro y hielo. ¿Que hacer? Una prisión resultaba ser su mejor fortaleza, su mejor refugio... ¿Que hacer? ¿Que decirle? Sólo fragmentos de segundos. Ya no estaba allí. ¿Quizás un fantasma? ¿O el recuerdo de alguien similar? ¿Quien sabe? Pequeño... Todos somos pequeños... Y crecemos... Pero ¿es necesario que muera el niño? ¿Es necesario que el gris drene absolutamente cada pedacito de él? No lo creo. Pequeño, el gris te ha tomado mucho en sus brazos. Tu mando está tiñendose de gris. Tu mirada me lo cuenta. Pequeño, pequeño... Lo lamento. Debí haberte parado, y haberte dicho algo. No te conozco, pero quizás te haya conocido. ¿Quien sabe? No estás sólo.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Y todo tan roto

Silencio al mirar...
Silencio.
Todo tan callado,
Y todo tan roto...
¿Que hacer?
No lo sé.
-
-
Camino,
Fragmentos...
Cristales vacíos,
Poco a poco se hunden.
Penetran...
Cortan piel,
Y muerden la carne...
Hambrientos
Y todo tan roto.
-
-
Lo siento...
¿Que hacer?
Callarme...
Perderme,
Hundirme...
Aquello me queda.
Quizás...
No puede...
Que calle, ¿verdad?
Callarme...
Callarnos.
Y todo tan roto.
-
-
Se fragmenta la voz, 
Se pierde...
No puede.
Perder.
¿Morir?
¿Que hacer?
Callarme, mejor...
Tomaré mi cuerpo,
Lo desgarraré...
Lo fragmentaré.
Tortura,
Purgatorio al alma,
¿Que haré?
Se embriaga...
Y todo tan roto.

Desconectarme

Y si me desconectara... ¿Que pasaría? Cerrar mis ojos... Y al abrirlos ver. Pero no ver con mis pupilas. Sino con la mirada. Aquel poder... Aquella perfección. Quien sabe... ¿Que pasaría?
Vendrían a verme, con sus batas blancas. Vendrían a hablarme, a decirme mil cosas. Me harían exámenes, buscarían una lógica. No la hay. No hay nada... Sólo es cuestión de soltar los delgados hilos dorados, cortarlos. Sólo romper las cadenas de seda, y lentamente soltarse de la jaula de papel. Sería fácil. Creo. Estoy seguro incluso. Sé que sería fácil. Lo presiento. Y podría entonces sonreír.
¿Que pasaría? ¿Quien sabe? Quien sabe... Creo que puedo imaginar mi sonrisa. Si recuerdo el otro lugar. Muchas veces lo he visto. El velo entre aquel lugar y este mundo a veces es tan delgado. Se puede atisbar los verdes campos, y los nomeolvides esperando. Es realmente hermoso. Morfia, dulce Morfia. Hogar, dulce Hogar. Los campos elíseos no se comparan al Hogar. A Morfia. Pero, ¿que pasaría? Su cabello, su suave cabello... ¿Que pasaría? Sus ojos profundos... ¿Que pasaría? Sus labios de cristal... ¿Que pasaría? Allá la veré... Allá está ella... Ella, pero a la vez no ella. No es ella, y es ella. Entonces la vería, pero no la vería. ¿Por que? Es complicado en verdad. ¿Por que?
¿Que pasaría? Ríos de cristal... No lo creo. ¿Quien sabe? Pero... Y si... No, no lo creo. No puede. No lo conoce. No sabe. No podría. No se habituaría, no pertenecería. No lo podría llamar por su nombre. Ni si quiera conoce el nombre. No, no se puede. Pero, y si... No. No. No. No sirve pensarlo. No lo haría. Nunca lo haría. No conoce ello, no lo ha visto, no lo ha sentido. Pero podría, ¿verdad? ¿Verdad? Verdad... ¿Me escuchas? Responde... ¡Responde! ¿Por que te quedas callado? ¿No me escuchas? ¡Responde de una vez! No, no, no. ¡No! ¡Responde! Lo sabemos, ¿verdad? ¿Verdad?
¿Lo sabemos? Tu crees... ¿Lo sabemos? Estamos seguros... Lo recuerdas. ¿Recuerdas aquella vez, aquella vez frente al espejo de plata? Lo viste... Lo vimos. ¿Lo recuerdas? ¿Lo recuerdas verdad?
¿Que pasaría?

martes, 1 de octubre de 2013

Empapado

Mis manos estaban teñidas de rojo oscuro. El aroma metálico apestaba más que un perfume barato. Era asfixiante...

Mi frente estaba fría. Me sentía empapado. Las sábanas estaban heladas. ¿Dejé la ventana abierta?

Mis manos se entumecían. Las gotas caían rápidamente. Todo se veía tan raro. Sentía esa sensación. Pero su voz... Su voz no callaba. Su voz no dejaba de resonar. ¿Por qué?

Mi cuerpo estaba entumecido. Mi almohada se cayó de la cama, creo. ¿Dónde habrá caído? No quiero levantarme. Mis sábanas están empapadas del sudor creo. Pero, no siento que haya tanto calor. Que raro. Me siento raramente intranquilo, me siento activo. Necesito un buen vaso de agua creo. O una taza de humeante café... Como el que ella solía prepararme... Ella...

Los cabellos se mezclaban con la sangre. Los ojos estaban abiertos, totalmente abiertos. Su expresión, despectiva, pero con toques de la incredulidad final. Realmente es cómico verla. Sus labios. No necesita labial ahora. Ni maquillaje. Nunca solía salir sin esa capa de maquillaje.

¿Debería ir a buscar un poco de agua? Quizás debería levantarme a cambiarme el pijama empapado.No sé. Mejor no hacerlo. Que flojera. Las sábanas empapadas se sienten tan cálidas. Y mi cuerpo me duele. Me siento realmente adolorido. ¿Por qué? ¿Que es esta tristeza? Ella... Ya no lloro por ella... Nunca lo hice. Nunca. ¿Por qué? Debería hacerlo algún día. Mis ojos... Mis ojos me pican... ¡Que tontería! Realmente que tontería...

Su rostro tan pálido. Ahora su blanca sonrisa es antítesis de la nueva sonrisa, roja, oscura, que florece muy despacio.

¿Debería levantarme? Mejor no. Mejor quedarme acá. Soñar con ella. Sentirla... Aunque no la siento. ¿Se ha ido? Claro que sí, tonto. Se fue hace mucho. ¿No recuerdas? Salió por esa puerta, la cerró despacio. ¿No recuerdas? Lo sentiste. Pero ahora no la sientes. Siempre la has sentido, ¿verdad? Sin lágrimas, pero la has sentido. ¿Verdad? ¡A callar! Mejor seguiré descansando. Mañana la llamaré.